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2379. El hombre que tiró un disco duro con bitcoins a la basura

Vocabulary

  • disco duro hard drive. Example: "Tiró un disco duro a la basura."
  • minería mining. Example: "Se minaba desde ordenadores domésticos."
  • vertedero landfill. Example: "Terminó en el vertedero municipal."
  • residuos waste/residue. Example: "100.000 toneladas de residuos."
  • inversión investment. Example: "Respaldo de inversores privados."

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Hoy hablamos episodio 2379. El hombre que tiró un disco duro muy valioso a la basura. Bienvenido a Hablamos, el podcast para aprender español cada día. Tenemos más de 2.000 episodios en nuestro catálogo y publicamos un episodio del podcast Premium cada viernes.

Este contenido está disponible solo para suscriptores Premium. Hazte suscriptor Premium en hoyhablamos.com. Hola oyente, ¿cómo estás? Continuamos con nuestro recorrido por algunos errores que costaron grandes cantidades de dinero a lo largo de la historia.

En el episodio de hoy aprenderemos a mirar bien lo que tiramos a la basura. Hoy hablamos del hombre que tiró un disco duro a la basura. Seguro que te ha pasado alguna vez. En ciertos momentos activamos algo parecido a un piloto automático.

Por ejemplo, cuando cogemos el coche. A mí a veces me pasa que llego a mi destino y no sé muy bien cómo he llegado hasta allí. ¿Sabes a lo que me refiero? Eso de no recordar con claridad el trayecto, como si hubiésemos llegado por inercia.

Como si alguien hubiera puesto un piloto automático que nos llevó directamente a ese lugar. Otro momento en el que suele pasar es cuando hacemos limpieza general en casa. Llega un punto en el que ya no sabemos discernir muy bien lo que sirve y lo que no. Después de un día entero vaciando armarios, ordenando ropa o tirando papeles, uno ya no sabe muy bien qué ha tirado y qué no.

Recientemente me ha pasado que tiré unas baterías externas sin darme cuenta. En Son cosas que pasan. Pues bien, en este episodio vamos a hablar de alguien que tiró algo muy valioso sin darse cuenta.

Algo mucho más valioso que mis baterías externas. El protagonista de esta historia se llama James Howells. Es un ingeniero informático de Newport, en Gales.

El punto de inflexión en su vida llegó un día cualquiera de 2013. ¿Qué pasó ese día? Pues mira, oyente, ese día decidió hacer limpieza en su escritorio y tiró un disco duro a la basura.

Creía que estaba roto y que no contenía nada importante. Pero claro, resulta que tenía dos discos duros iguales, Uno estaba roto, sí, pero el otro contenía información que valía millones. Bueno, no valía millones en ese momento, pero ahora sí los vale.

¿Cuál crees que tiró? Evidentemente, querido oyente, tiró el que tenía valor. ¿Y qué había en ese disco duro? Para responder a esa pregunta, vamos a irnos un poco más atrás en su historia.

Nos vamos al año 2009, cuando se empieza a hablar de bitcoins. Ya sabes, esa criptomoneda que años más tarde ha dado tanto que hablar. Pero por aquel entonces era algo que acababa de nacer. Se minaba, se fabricaba desde ordenadores domésticos.

Es decir, se generaban monedas nuevas usando la potencia de un ordenador normal. Y era algo prácticamente marginal, cosa de unos pocos aficionados a la tecnología.

Solo lo hacían los frikis. Yo también fabriqué algunos con un amigo en el 2012 y los vendimos todos en esa época. La cuestión es que James, en el año 2009, empezó a minar desde su propio ordenador y consiguió reunir unos 8000 bitcoins durante los primeros años de la moneda.

En aquella época, la criptomoneda era poco conocida y tenía un valor muy bajo. Por eso podías fabricar tantos bitcoins con poco esfuerzo. Claro, hay que entender que en aquel momento nadie esperaba que el bitcoin llegara a ser lo que es hoy ni que pudiera alcanzar el valor que tuvo después.

Así que James prácticamente se olvidó de todos esos bitcoins. Entonces ocurre una serie de hechos que a priori tienen cero importancia, pero que vistos con perspectiva son una cadena de catastróficas desdichas.

Digamos que en un momento dado, allá por 2010, guarda la información que le da acceso a sus criptomonedas en un disco duro, y ese disco duro lo guarda en un cajón sin más.

Lo sé, lo sé. Con lo que te he contado antes, ahora mismo estás gritando. ¡No! Pues sí, ese disco duro con la clave para acceder a las criptomonedas es el que confundió con el otro y el que acabó en la bolsa de la basura.

Su pareja de aquel momento llevó la bolsa al contenedor y presuntamente terminó en el vertedero municipal de Doxway, en su ciudad, Newport. Pero en ese momento, él todavía no sabía nada. Todavía era feliz. Como dice el refrán, ojos que no ven, corazón que no siente.

El problema real llegó cuando fueron pasando los años y esos bitcoins fueron ganando valor poco a poco. Y es en 2013 cuando, al ver lo que valían ya estas monedas, James busca su disco duro y se da cuenta de que no está, de que el disco duro con la información terminó en la basura y, por tanto, en el vertedero.

Claro, tú te estarás preguntando, pero ¿de cuánto dinero estamos hablando?, Pues te cuento, oyente. En 2013, cuando se dio cuenta, esos bitcoins tenían un valor aproximado de 4 millones de euros.

Pero claro, el valor ha ido aumentando con el tiempo. En 2021 ya valían unos 350 millones de euros. Y en 2025 estamos hablando de más de 700 millones de euros. Y hablo de cifras aproximadas, porque el precio del bitcoin sube y baja constantemente.

Ahora valen unos 600 millones. Vamos a parar un segundo aquí y pensemos, ¿qué harías tú al darte cuenta de que has perdido esa cantidad de dinero? Porque además no es exactamente perder el dinero en sí. Esas criptomonedas siguen siendo suyas, pero no puede acceder a ellas.

Te volverías loco, ¿verdad? Yo creo que sí. Como él mismo dijo, ¿sabes cuando tiras algo a la basura y piensas, es una mala idea? De verdad que me pasó.

Una vez pasado el golpe de la pérdida, ¿qué crees que hizo? Pues intentar, por todos los medios posibles, acceder al vertedero para buscar su disco duro. Y no olvidemos que ese disco duro, que supuestamente está ahí, tiene encima unas 100.000 toneladas de residuos. A mí, desde luego, me parece buscar una aguja en un pajar, pero según sus cálculos, según sus pesquisas, no era para tanto.

Él decía, no es una aguja en un pajar, sé dónde está, solo necesito permiso para excavar. Claro, la pregunta que te haces es ¿cómo puedes saber esto? Mira lo que ha explicado él mismo. En 2013, el vertedero funcionaba así.

Cuando un contenedor de residuos generales se llenaba, se le asignaba un número de serie y se enterraba en una zona concreta, con una referencia de cuadrícula, como en un mapa. Según James, si podría acceder a los registros del vertedero, podría identificar la semana en que tiró el disco duro, el número de contenedor en el que estaba y, por tanto, el lugar exacto donde está enterrado.

En conclusión, según sus estimaciones, el disco duro solo habría que buscarlo en una zona muy concreta, de unas 200 toneladas de residuos. que sigue siendo muchísima basura, pero bastante menos que 100.000.

Pero no se quedó en meras estimaciones. En 2021 presentó al ayuntamiento de Newport un plan de recuperación valorado en unos 10 millones de euros. Este plan contaba con el respaldo de inversores privados, ingenieros, expertos en gestión de residuos y y abogados.

Para localizar el disco duro, que no olvidemos que tiene el tamaño de un teléfono móvil, el plan incluía el uso de inteligencia artificial, drones con escáner e incluso perro robot. Además, para intentar convencer al ayuntamiento de que le permitiera hacer la búsqueda, le ofreció quedarse con el 25% del valor de los bitcoins, lo que en 2021 suponía unos 50 millones de euros.

El problema con el que se encontró James, que el ayuntamiento nunca le dio el permiso. ¿Por qué? Alegaba razones medioambientales, administrativas y económicas. El ayuntamiento dijo, entre otras cosas, que remover esa cantidad de toneladas de basura podía liberar gases contaminantes y poner en riesgo la salud pública.

Mira lo que dijo el ayuntamiento. El coste de excavar el vertedero, almacenar y tratar los residuos podría ascender a millones de libras, sin ninguna garantía de encontrarlo o de que siga en buen estado.

Además, le comunicaron a James en varias ocasiones que la excavación no es posible según su permiso de obras y que tendría un enorme impacto ambiental en toda la zona. Por eso dejaron claro que no podían ayudarle en este asunto.

Evidentemente, cualquiera hubiera dicho, bueno, hasta aquí, el dinero se perdió y hay que saber parar. Además, con el tiempo que había pasado, sería lógico perder la esperanza, no solo de recuperar el disco, sino de que realmente funcione o se pueda recuperar la información después de tantos años enterrado.

Pero James no se dio por vencido y llevó el caso a los tribunales. Su batalla legal, sin embargo, no le dio mejores resultados. Los tribunales le dieron la razón al ayuntamiento y frenaron toda posibilidad de que James siguiera con su búsqueda. Y es que, a principios de 2025, el juez del Tribunal Superior aceptó el argumento principal del ayuntamiento.

James no puede recuperar su disco duro porque legalmente ya no es suyo, sino del ayuntamiento. ¿Cómo es esto posible? Pues porque, según una ley británica de 1974 sobre el control de la contaminación, todo lo que entra en un vertedero pasa a ser propiedad de la autoridad local.

Además de darle la razón en esto al ayuntamiento, el juez dictaminó. Considero que los detalles de la demanda no presentan fundamentos razonables para interponerla. Asimismo, considero que la demanda no tendría ninguna posibilidad real de éxito si llegara a juicio y que no existe ninguna otra razón de peso para que llegue a juicio. ¿Pensabas que James lo dejó aquí?

No, para nada, oyente. Resulta que poco tiempo después, el ayuntamiento anunció que iba a cerrar el vertedero para construir encima una planta solar, A James le pareció increíble. El ayuntamiento había dicho en el juicio que cerrar el vertedero para dejarle buscar sería un desastre para los vecinos de Newport, y ahora resultaba que lo iban a cerrar de todas formas.

Pero también lo vio como una gran oportunidad. Si el vertedero ya no iba a funcionar como vertedero, ¿por qué no comprarlo? James dijo públicamente que se planteaba comprarlo y en julio de 2025 llegó a presentar una oferta formal por la zona del vertedero donde cree que está enterrado el disco. Según él, la oferta estaba valorada en unos 25 millones de libras.

Envió varias cartas al alcalde, al equipo legal del ayuntamiento y a un diputado de la zona. La respuesta fue el silencio. Nadie le contestó, ni siquiera para decirle que no.

Y así, en agosto de 2025, James anunció que dejaba de intentar comprar el vertedero y que abandonaba definitivamente la idea de excavar. Dijo que había aprobado de todo, propuestas públicas, repartos de porcentajes, mediación, demandas y una oferta de compra, y que el ayuntamiento lo había ignorado todo.

Lo que sé seguro es que su historia no ha terminado. Una productora ya se ha hecho con los derechos para hacer una serie documental. Como dice el productor, esto no es solo contenido, es un thriller tecnológico de acción real con casi mil millones de dólares en juego.

Y es que, pensándolo bien, hay un tesoro de cientos de millones enterrado bajo toneladas de basura, literalmente. Me da un poco de pena James, porque tiene que ser una tortura saber que eres dueño de una fortuna de 600 millones, pero no puedes acceder a ella porque no tienes la llave. Es como tener un cofre lleno de oro, pero no tener la llave.

Así que ya ves, oyente, vigila bien lo que tiras a la basura, porque algo que hoy parece que no vale nada puede hacerte millonario en el futuro. Como dice el refranero popular, el que guarda siempre tiene.

Esto ha sido todo por hoy. Si quieres seguir mejorando tu español, te recomiendo hacerte suscriptor premium para acceder a todo el contenido extra y para escuchar el catálogo completo. Hazte suscriptor premium en hoyhablamos.com. Muchas gracias por escucharnos.

Nos vemos en el episodio de mañana. Pasa un buen día. ¡Hasta mañana!