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2374. La sonda Mars Climate Orbiter

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Hoy hablamos episodio 2374, la sonda Mars Climate Orbiter. Bienvenido a Hoy hablamos, el podcast para aprender español cada día. Tenemos más de 2.000 episodios en nuestro catálogo y publicamos un episodio del podcast Premium cada viernes. Este contenido está disponible solo para suscriptores Premium.

Hazte suscriptor Premium en hoyhablamos.com. Hola oyente, ¿cómo estás? Iniciamos un nuevo tema del mes, en el que vamos a conocer algunos de los errores o fracasos más costosos de la historia. En esta ocasión nos centramos en un error de la NASA por no comprobar bien las cifras.

Hoy hablamos de la sonda Mars Climate Orbiter. No sé si a ti te pasa, pero una de las cosas que más me impresiona es ver aterrizajes de naves espaciales. O, por ejemplo, como la reciente misión Artemis II se sobrevoló la Luna con unos cálculos milimétricos. Y es que siempre pienso lo mismo.

¿Cómo hacen para calcular todo eso y no equivocarse? No sé, me parece magia. Pero lo cierto es que de magia nada. Los hombres y mujeres que están detrás de esas misiones son personas superinteligentes, pero también se equivocan, como todo el mundo.

Y hoy hablamos de un fracaso estrepitoso de la NASA, de la sonda Mars Climate Orbiter. Nos vamos a los años 90 y vamos a intentar hacer como esas experiencias inmersivas que están tan de moda. Así que sitúate conmigo en la sala de control de la NASA.

Estamos en el 11 de diciembre de 1998 y un cohete despega de Cabo Cañaveral, en Florida, con destino a Marte. A bordo va la sonda Mars Climate Orbiter. Era el primer satélite meteorológico que se enviaba no solo a Marte, sino a cualquier otro planeta. Su misión, estudiar el clima y la atmósfera de Marte, las corrientes de aire, las temperaturas, el polvo marciano… Información fundamental de cara a futuras exploraciones del planeta rojo, tanto robóticas como humanas.

El plan, a priori, era sencillo. Bueno, todo lo sencillo que puede ser mandar un cohete a Marte, claro. Pero dentro de lo complicado que debe ser trabajar en la NASA, el plan era relativamente sencillo.

La nave, después de casi 10 meses de viaje, debía llegar a Marte en septiembre de 1999. En ese momento, el satélite empezaría a orbitar el planeta rojo mientras hacía su trabajo, recopilar esos datos climáticos e ir enviándolos a la Tierra. Y todo eso durante 687 días terrestres, que es más o menos lo que dura un año en Marte. Esa era la idea.

La cuestión es que lanzan el cohete y al poco tiempo, desde el centro de control, empiezan a darse cuenta de que algo no está yendo como debería, ¿Por qué? Porque la nave se estaba desviando demasiado de su ruta. Y ojo, digo demasiado porque que se desvíe un poco es normal.

De hecho, en las misiones se va corrigiendo levemente la trayectoria de las naves. Es más, hay un nombre para eso. Se llama TCM, que son las siglas en inglés de Maniobra de Corrección de Trayectoria.

Pero en este caso no era un desvío leve y rutinario. Era algo más que eso. Claro, desde control ven que algo pasa, que algo está modificando la trayectoria de la nave, pero no saben cuál es la razón.

Y lo cierto es que esas dudas no las tomaron tan en serio como deberían y dejaron pasar el asunto. La nave iba un poco desviada, pero bueno, iba hacia su objetivo.

Te advierto desde ahora que sería algo de lo que se arrepentirían más tarde. El momento clave de la llegada a Marte se va acercando y los controladores siguen pensando que ahí hay algo que no funciona como debería.

Y así llegamos al 23 de septiembre de 1999, el momento decisivo. La sonda debe entrar en la órbita de Marte, en la que dará vueltas al planeta durante toda la misión.

Pero de repente, justo en ese momento, mientras la sonda pasaba por detrás del planeta rojo, se perdió la conexión y jamás se recuperó. Se sospecha que se estrelló contra Marte o que se desintegró en su atmósfera, pero lo cierto es que no se sabe a ciencia cierta. Lo único seguro es que la perdieron para siempre. ¿Qué pasó?

Pues la respuesta fue bastante vergonzosa para la NASA. Y es que no olvidemos que acababan de perder en el espacio 125 millones de dólares de la época, que a día de hoy serían más de 200 millones de euros.

Una vez que sabemos el coste económico de esta pérdida, vamos a conocer las causas reales que hicieron que la misión fracasara. Si tú buscas esta historia en internet, lo normal es que aparezca que la NASA se olvidó de hacer una simple conversión, que la causa del accidente es que se olvidaron de pasar de libras a newtons. Pero lo cierto es que no es exactamente así. Te lo explico.

Si tuviéramos que explicarlo de manera muy sencilla, diríamos que parte del proyecto utilizó el sistema imperial y otra parte el sistema internacional. Es decir, unos datos iban en un sistema y otros en el otro. Por eso era normal que los datos no casaran. En realidad se estaban leyendo mal.

Pero vamos a verlo con más calma para entenderlo bien. Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que la NASA no fabrica todos y cada uno de los elementos que van en una sonda como esta, sino que trabaja con fabricantes y colaboradores externos. En este caso, una de las empresas que suministró parte del software fue Lockheed Martin.

Lo siguiente que tenemos que saber es que el sistema internacional es el que utiliza la comunidad científica en todo el mundo. Sin embargo, Estados Unidos sigue utilizando el sistema imperial en su día a día.

Y aquí va un inciso para saciar tu curiosidad. Si te estás preguntando qué otros países utilizan el imperial junto a Estados Unidos, te diré que al menos oficialmente tan solo dos más, Liberia y Myanmar. Bueno, podríamos contar al Reino Unido como el cuarto, pero en realidad este utiliza un sistema mixto.

La cuestión es que la NASA trabaja con el sistema internacional y por lo tanto exige a sus colaboradores que las cifras estén en ese sistema. Si sus colaboradores utilizan el otro sistema, son ellos los que tienen que hacer la conversión. Los datos a la NASA tienen que llegar expresados con el sistema internacional. ¿Y qué problema hubo aquí?

Que, por un fallo en el programa, esos datos no llegaron convertidos. Un error tan simple hizo fracasar el proyecto. El software de Lockheed Martin calculaba y enviaba sus resultados en libras, mientras que el sistema de la NASA que recogía esos datos utilizaba el Newton como unidad de fuerza.

La cuestión es que cada vez que se encendían los motores, el sistema calculaba el impulso que tenía que coger la sonda. Ese impulso se enviaba desde el centro de control para que la sonda se mantuviera en la posición correcta para entrar en la órbita. Pero claro, como los datos eran incorrectos, se producía el efecto contrario. Cada vez que se encendían los motores, la sonda se alejaba más de su recorrido.

De ahí ese desfase con el que se encontraban una y otra vez desde el control cuando intentaban corregir el desvío de la sonda. De esta manera, cuando finalmente se acercó a Marte, una cosa era lo que ellos creían que estaba pasando y otra muy diferente lo que en realidad ocurría. Ellos creían que estaban entrando en órbita a unos 140 o 150 kilómetros de altitud, pero en realidad estaba tan solo 57 kilómetros de Marte.

Y teniendo en cuenta que por debajo de 80 kilómetros no era seguro, pues claro, se perdió el contacto. De ahí que se piense que se estrelló o que se desintegró. Claro, el error fue enorme, porque como decíamos antes, no solo fue un error económico muy grande, estamos hablando de millones de dólares, sino que quizá fue mayor el coste en credibilidad que tuvo para la NASA. En un primer momento no sabían qué había pasado, así que abrieron una investigación interna para averiguar las causas de tal desastre.

Y la NASA, uno de los organismos con más prestigio del mundo, se ve obligada a admitir que no había sido un problema técnico ni un ataque externo, sino un error humano.

Un error que vino de la falta de coordinación de de comunicación y de verificación. Eso sí, hay que reconocer que la NASA no se escondió, admitió el fallo públicamente y lo investigó a fondo, algo que no todas las instituciones hacen. Tal y como dijo el director científico para la exploración del sistema solar de la NASA,

El error humano ocurre constantemente, pero, a pesar de ello, tenemos un enorme porcentaje de éxito porque contamos con sistemas que detectan y corrigen los errores.

El problema aquí es que nuestro sistema no lo hizo. ¿Sabes eso que se dice de que de los errores siempre se aprende? Pues bien, de este error se sacaron varios aprendizajes. Quizá el más básico y que aprendió a la fuerza no solo la NASA, sino toda la ingeniería aeroespacial, fue la necesidad de unificar y verificar los sistemas de medición en todos los proyectos.

De hecho, desde ese momento, la NASA reforzó sus protocolos para asegurarse de que todos sus datos se expresen de la manera correcta. Pero lo cierto es que este fracaso también nos puede servir al resto de los humanos como aprendizaje para nuestra vida. Por un lado, que hasta el más nimio de los detalles, es decir, el más pequeño e insignificante, puede tener una importancia gigantesca. Cada cosa cuenta, por muy pequeña que parezca.

Y a veces esos errores vienen de sitios que no te lo esperas. Y por otro lado, que debemos ser benévolos con nosotros mismos y con nuestros errores. Porque si hasta los grandes gigantes se equivocan en cosas sencillas, ¿Cómo no lo vamos a hacer nosotros, que somos un grano de arena en un universo infinito?

Así que, oyente, la próxima vez que cometas un error, acuérdate que errar es humano. Esto ha sido todo por hoy. Si quieres seguir mejorando tu español, te recomiendo hacerte suscriptor premium para acceder a todo el contenido extra y para escuchar el catálogo completo. Hazte suscriptor premium en hoyhablamos.com.

Muchas gracias por escucharnos. Nos vemos en el episodio de mañana. Pasa un buen día. Hasta mañana.