2371. El desperdicio de alimentos
Vocabulary
- desperdicio de alimentos food waste. Example: "El desperdicio de alimentos es un problema global."
- pérdida de alimentos food loss. Example: "La pérdida ocurre antes de llegar al consumidor."
- desaprovechar to waste (resources). Example: "No debemos desaprovechar el agua ni la energía."
- economía circular circular economy. Example: "La economía circular promueve la reutilización de recursos."
- concienciar to raise awareness. Example: "Es importante concienciar sobre el impacto ambiental."
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Hoy hablamos episodio 2371, Día contra el desperdicio de alimentos. Bienvenido, hoy hablamos el podcast para aprender español cada día. Si escuchas este podcast cada día, tu español estará mejorando, eso está claro. Pero si quieres ir más rápido, hazte suscriptor premium.
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El ozonógrafo estadounidense Charles J. Moore dijo, solo los humanos producimos desperdicios que la naturaleza no puede digerir. Desperdicios, precisamente, es de lo que vamos a hablar en el episodio de hoy. Hoy hablamos del día contra el desperdicio de alimentos.
El mundo está lleno de paradojas y algunas de ellas nos muestran lo desigual que es. Fíjate, oyente, se calcula que entre las casas, los restaurantes y las tiendas desperdiciamos unos 1050 millones de toneladas de comida al año. Y al mismo tiempo se estima que el año pasado entre 608 y 696 millones de personas en todo el mundo pasaron hambre.
Pues bien, hoy vamos a hablar de un día que pretende concienciar y luchar contra ese desperdicio de comida, el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos.
Si te parece, vamos a ver primero cuándo se celebra, desde cuándo y por qué. Pues mira, este día se celebra hoy, 29 de septiembre. Lo proclamó la Asamblea General de las Naciones Unidas a finales de 2019 y se celebra desde 2020.
Como pasa con casi todos estos días internacionales, cada año tiene un lema diferente y el de este año es el potencial transformador de reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos.
Desde la FAO, que es la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, explican que atajar este problema, ponerle freno, puede traer beneficios a nivel económico, a nivel medioambiental y también para la propia alimentación de las personas.
Y fíjate que a priori tirar un poco de comida nos parece algo bastante banal, ¿verdad? Pues ya verás que no lo es tanto. Este día nace una preocupación que va mucho más allá de la comida que tiramos en casa porque hemos comprado de más. En realidad la preocupación es más profunda y para entenderla lo primero que tenemos que hacer es una distinción que ya aparece en el propio nombre del día.
Hay que diferenciar entre pérdida de alimentos y desperdicio de alimentos porque este día quiere reducir las dos cosas. Veamos primero qué es la pérdida de alimentos. Hablamos de pérdida cuando los alimentos se pierden o se echan a perder antes de llegar al consumidor, es decir, durante la producción, el almacenamiento, el transporte o la distribución.
Los datos nos dicen que alrededor del 13% de los alimentos que se producen en el mundo se pierde después de la cosecha y antes de llegar a las estanterías de las tiendas. Por otro lado, el desperdicio es lo que ocurre cuando esos alimentos ya han llegado al consumidor, ya sea en tiendas, restaurantes o en nuestras propias casas.
Y aunque están en perfecto estado para comerse, no se usan y terminan en la basura. Aquí es donde aparece ese dato de los 1.050 millones de toneladas que te mencionaba al principio. Es el 19% de toda la comida que llega al consumidor. Y si decepcionamos este dato, si lo analizamos parte por parte, veremos que el 60% del desperdicio se produce en las casas, un 28% en los restaurantes y un 12% en los comercios.
Así que, oyente, una buena parte del problema está literalmente en nuestra propia cocina. En este problema ya se está trabajando. De hecho, está incluido en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, dentro de eso que se conoce como la Agenda 2030. Hay un punto concreto que se propone reducir a la mitad el desprecio de alimentos por persona en las tiendas y en los hogares, y también reducir las pérdidas a lo largo de toda la cadena de producción.
Ahora bien, la pregunta que nos podemos hacer es ¿por qué preocupa tanto este tema? Pues mira, oyente, porque las consecuencias, como decíamos antes, van mucho más allá de tirar un poco de comida. Tienen efectos a muchos niveles. Así que vamos a ver cuáles son.
Atento a lo que dijo el director general de la FAO. Al tomar medidas para prevenir y reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos, podemos generar un triple resultado positivo, mejorar la seguridad alimentaria y la nutrición, proporcionar beneficios económicos a los productores primarios, las empresas y los consumidores y reducir las repercusiones ambientales y climáticas al tiempo que se protege la biodiversidad y se reduce la contaminación.
Si hablamos de medio ambiente, lo primero es que cuando se desperdicia un alimento se desaprovechan todos los recursos que se usaron para producirlo. El agua, la tierra, la energía, la mano de obra, el trabajo de las personas y también el dinero. Pero es que, además, esos alimentos que tiramos acaban en vertederos, donde se descomponen y emiten gases que contribuyen al efecto invernadero y, por tanto, al cambio climático.
De hecho, según la FAO, la pérdida y el desperdicio de alimentos son responsables de alrededor del 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.
Si hablamos de economía, evidentemente la pérdida de alimentos es también una pérdida de dinero. Según los datos que maneja la FAO, Los alimentos que se producen pero nunca llegan a comerse ocupan el 28% de la superficie agrícola mundial.
Esos son unos 1.400 millones de hectáreas. Un territorio más grande que Canadá o que China. Imagínate, un país entero cultivando solo para producir comida que va a acabar en la basura.
Si nos centramos en el dinero, la pérdida de alimentos, lo que ocurre antes de llegar al consumidor, supone unos 400.000 millones de dólares al año. Y el desperdicio, el que hacemos en tiendas, restaurantes y casas, supone más de un billón de dólares anuales. Y ojo, oyente, que aquí hablamos de un billón en español, es decir, un millón de millones. No lo confundas con el billón inglés, que son solo mil millones.
Un billón en español es un millón de millones, lo que sería un trillón en inglés. Por tanto, a nivel global hay que tomar medidas para mejorar todo este sistema. Y aquí la FAO insiste en una idea importante. Reducir la pérdida y el desperdicio no es solo cuestión de tirar menos comida.
Es una forma de proteger los recursos naturales, de reducir la contaminación y de aprovechar mejor lo que ya producimos. Además, la FAO habla de la economía circular, es decir, de un sistema en el que lo que sobra no se tira, sino que se reutiliza o se recicla. Y según ellos, apostar por ese modelo también puede crear nuevos puestos de trabajo y traer beneficios económicos a mucha gente.
Claro, pero tú podrás pensar, vale, eso está muy bien, pero ¿qué puedo hacer yo? Pues hay una serie de medidas que podemos tomar como consumidores. Te voy a explicar los 15 consejos que da la FAO para reducir el desperdicio en nuestro día a día. 15 pueden parecer muchos, un poco abrumadores incluso, pero ya verás que en mayor o menor medida son cosas que todos podemos hacer.
Adoptar una dieta más saludable y sostenible. Es decir, en lugar de consumir tantos productos ya elaborados, que muchas veces llevan más envases y tienen un mayor impacto en el medio ambiente, intentar elegir alimentos que sean buenos para nosotros y también para el planeta.
Básicamente, preocuparnos por saber qué estamos comiendo. Comprar sólo lo que necesitamos. Todos sabemos lo que pasa cuando vamos al supermercado sin un plan. Terminamos comprando de más, porque compramos con el hambre que tenemos en ese momento.
Y como se suele decir, comemos con los ojos. Así que la idea es planificar las comidas de la semana e ir a comprar con una lista. Así de sencillo. Elegir frutas y hortalizas feas.
Esa manzana con un golpe o esa zanahoria torcida que nadie quiere pero que está perfectamente buena muchas veces termina en la basura. Así que, si compramos esos productos imperfectos, evitamos que se desperdicien solo por su apariencia. Y de hecho, últimamente en España, algunos supermercados están ofreciendo esos productos feos a un precio más reducido ofreciendo una especie de caja de frutas y verduras con descuento.
Almacenar los alimentos con sensatez. Esto es de sentido común. Poner lo nuevo detrás y lo viejo delante, para consumir primero lo que lleva más tiempo en la nevera. Y guardar cada cosa en el recipiente adecuado.
Comprender el etiquetado de los alimentos. Esto significa aprender a diferenciar entre la fecha de consumo preferente y la fecha de caducidad. La primera nos dice hasta cuándo el producto conserva todas sus cualidades, aunque se puede seguir comiendo un poco después. La segunda, en cambio, marca el límite a partir del cual ya no es seguro consumirlo.
Empezar por lo pequeño. Es decir, cocinar raciones ajustadas a las personas que van a comer o, cuando salimos a comer fuera, compartir un plato si la ración es muy grande.
Este es un defecto que tenemos en mi región, en Galicia. Cuando tenemos comidas familiares, se suele preparar mucha comida y acaba sobrando mucha y al final se desperdicia.
Valorar las sobras. El clásico, congelar lo que sobra. O, si no se puede congelar, aprovecharlo al día siguiente en otro plato. Hacer uso de los restos de comida.
Esto se refiere, por ejemplo, a hacer compost con las peladuras y los restos orgánicos, siempre dentro de las posibilidades de cada uno, porque no todo el mundo tiene un jardín o un huerto en casa.
Respetar los alimentos. La FAO dice que la comida nos conecta a todos. La idea es volver a conectar con lo que comemos, saber de dónde viene, cómo se produce, cuánto trabajo hay detrás e incluso conocer a los agricultores de nuestra zona.
Apoyar a los productores locales. Esto es lo que se conoce como compra de proximidad, es decir, comprar productos de nuestra zona, al agricultor o al ganadero de al lado, en lugar de alimentos que han viajado miles de kilómetros.
Mantener a flote las poblaciones de peces. Aquí se refiere a consumir pescado capturado de forma sostenible y elegir especies de las que hay abundancia, en vez de las que están sobreexplotadas. Por ejemplo, comer caballa en lugar de bacalao.
Usar menos agua. Producir alimentos necesita muchísima agua. Es verdad que la mayor parte se consume en la agricultura y no en nuestras casas, pero si reducimos nuestro consumo de agua en general, también estamos ayudando al planeta.
Mantener limpios los suelos y el agua. Básicamente, reciclar bien y no tirar, por ejemplo, una pila de salas del mando de la tele o un medicamento a la basura orgánica, porque esos residuos acaban contaminando la tierra y el agua.
Comer más legumbres y verduras. Las legumbres son las lentejas, los garbanzos, las alubias… La FAO propone intentar cocinar con ellas al menos una vez por semana porque son saludables y muy sostenibles.
Compartir es cuidar. Esto nos habla, por ejemplo, de usar aplicaciones donde puedes donar o vender muy barata la comida que no vas a usar o de crear una red de vecinos para compartir alimentos y que no se desperdicien. En España es muy popular la aplicación Too Good To Go, donde puedes comprar alimentos que están a punto de caducar o que han sobrado en restaurantes, panaderías y tiendas de alimentación.
Decía antes que todo esto puede parecer abrumador, pero fíjate que la mayoría son cosas pequeñas y de sentido común. En el fondo, este día nos recuerda que consumamos con cabeza. ¿Cuántos de estos 15 consejos ya haces en casa? Piénsalo, seguro que más de los que crees.
Y seguro que también hay alguno que puedes empezar a aplicar hoy mismo. Hasta aquí el episodio de hoy. Y ya sabes, si te gusta este podcast y el trabajo diario que hacemos, tu colaboración sería de gran ayuda. Para colaborar puedes hacerte suscriptor premium.
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Muchas gracias por escucharnos. Nos vemos en el episodio de mañana. Pasa un buen día. Hasta mañana.