2366. Los últimos de Filipinas
Vocabulary
- desastre del 98 the Spanish-American War and Spain's loss of its last colonies.
- revueltas uprisings or rebellions against colonial rule.
- sitio a military siege or encirclement of a position.
- beriberi a disease caused by vitamin B1 deficiency, weakening the soldiers.
- capitulación the surrender or formal agreement to end hostilities.
Full Transcripttap the text to seek
Hoy hablamos episodio 2366. Los últimos de Filipinas. Bienvenido a Hoy hablamos, el podcast para aprender español cada día. Si escuchas este podcast cada día, tu español estará mejorando.
Eso está claro. Pero si quieres ir más rápido, hazte suscriptor premium. Tendrás acceso a más 2000 episodios con transcripción, vocabulario y ejercicios. Además de un episodio premium extra cada viernes.
Todo esto lo tienes en hoyhablamos.com. Hola oyente, ¿qué tal? ¿Sabes esa sensación de que eres la última persona luchando por una causa perdida? Pues hoy vamos a hablar de un grupo de hombres que lucharon, sin saberlo, por algo que ya estaba perdido.
Hoy hablamos de los últimos de Filipinas. En España, cuando algunas personas se resisten a los cambios, cuando son las últimas en abandonar una idea, un trabajo, una moda o una costumbre, se suele decir, son los últimos de Filipinas.
Por ejemplo, si en una fiesta ya se ha ido casi todo el mundo y solo quedan dos o tres personas, alguien podría decir, somos los últimos de Filipinas.
Es una expresión conocida, aunque cada vez se usa menos. Pues bien, hoy vamos a descubrir quiénes fueron esos últimos de Filipinas de los que habla la expresión.
Lo primero que tenemos que hacer para entender esta historia es ponernos en contexto. Te lo voy a contar de manera resumida porque hace poco publicamos un episodio sobre el desastre del 98 donde lo explicamos con mucho más detalle. Si quieres conocer mejor este contexto te recomiendo escucharlo porque ese desastre del 98 es el origen de todo lo que pasa en la historia de hoy. Es el episodio 2339.
Vamos a empezar en el año 1896, cuando Filipinas todavía pertenecía a España. Como pasó en otras colonias españolas, parte de la población inició revueltas y sublevaciones para lograr su independencia y salir del control español.
En Filipinas, estas revueltas empezaron ese año 1896 entre la población Tagala, que es el pueblo mayoritario en la zona de Manila. A finales de 1897 se llegó a un acuerdo, el pacto de Biak-Nabató, que en teoría ponía fin al conflicto.
Según ese acuerdo, los líderes de la revuelta, incluido el líder principal, Emilio Aguinaldo, debían abandonar las armas y exiliarse a Hong Kong, es decir, marcharse a vivir fuera de su país. A cambio, recibirían una indemnización económica y España se comprometía a hacer reformas en Filipinas. Con este pacto, España creyó que tenía la situación controlada y por eso redujo el número de soldados en la zona.
Si te parece, vamos a situarnos en el lugar exacto donde sucedió todo, un pueblo llamado Valer, en la isla filipina de Luzón. Era un pueblo pequeño de la costa, de unos 1.700 habitantes, a unos 230 kilómetros de Manila. Durante las luchas entre filipinos y españoles había sido escenario de combates violentos. De hecho, los españoles habían necesitado 400 hombres para controlar la situación.
Pero a principios de 1898, con el pacto ya firmado, tan solo unos 50 hombres llegaron al pueblo para relevar, para sustituir a los 400 que había antes.
Pero entonces todo cambia. El 15 de febrero de ese mismo año se hunde en Cuba el barco norteamericano Maine, Como contábamos en el episodio del desastre del 98, ese hundimiento fue la excusa para que poco después Estados Unidos le declarara la guerra a España.
Como vimos también en aquel episodio, Estados Unidos, con el fin de debilitar a España, alienta y apoya las obligaciones en las colonias, también en Filipinas.
El 1 de mayo, la flota estadounidense destruye a la española en Cavite, muy cerca de Manila. Y pocas semanas después, los rebeldes filipinos, Aguinaldo y sus seguidores, a pesar del pacto firmado, vuelven a Filipinas con apoyo estadounidense para reactivar la sublegación.
La cuestión es que, en un momento dado, el pueblo de Valer quedó incomunicado por tierra. Los soldados españoles destinados allí dejaron de recibir noticias fiables de lo que pasaba en la guerra contra Estados Unidos.
No se enteraron, por ejemplo, de que Manila, la capital, estaba rodeada por el enemigo. Llegamos así al 30 de junio de 1898. Ese día, una patrulla de este pequeño destacamento sufrió una emboscada, un ataque por sorpresa de los filipinos. Los rodearon y a los españoles no les quedó más remedio que encerrarse en la iglesia del pueblo, la iglesia de San Luis de Tolosa, porque era el edificio más fácil de defender en Valer.
Empieza así el sitio de Valer. Dentro de la iglesia había algo más de 50 militares españoles y el sacerdote del pueblo, un franciscano. Poco después se le unieron otros dos religiosos.
Desde el primer momento, los filipinos los animaron a rendirse y les informaron de las últimas noticias, de las derrotas de España frente a Estados Unidos.
Pero los españoles no les creyeron. Pensaban que era un engaño para que se rindieran. Cuando los filipinos les dieron un ultimátum, la respuesta de los españoles terminaba con una frase muy contundente. La muerte es preferible a la deshonra.
Así que los filipinos siguieron sitiando el lugar con ataques armados, pero también con guerra psicológica para mermar las fuerzas de los españoles. Ten en cuenta que esa gente estaba aislada y rodeada de enemigos. Hasta cierto punto es normal que la persona al mando, en este caso el capitán Las Morenas, diera una única orden, resistir hasta que fuesen relevados.
Pero claro, mientras ellos estaban aislados y luchando, los acontecimientos seguían su rumbo. En agosto, España perdió la guerra hispano-estadounidense y se produjo la capitulación de Manila. Es decir, Manila se rindió ante los Estados Unidos.
Estas noticias se las hicieron llegar a los de Valer, pero seguían sin creerlas. En realidad, la guerra se había terminado y España prácticamente había perdido Filipinas. Pero ellos seguían luchando. El capitán veía que todavía tenía suministros, tenía comida y munición, y estaba convencido de que todas aquellas noticias eran falsas.
Al final, era el enemigo el que le daba esa información. Pero la situación fue empeorando. No era solo el asedio. No olvidemos que estaban encerrados en una iglesia.
Los alimentos se fueron acabando y empezaron a tener bajas. Pero no tanto por las balas, sino por enfermedades como el beriberi. El beriberi es una enfermedad causada por la falta de vitamina B1, que obtenemos, por
y provoca una gran debilidad, sobre todo en las piernas. Y ojo, porque a pesar de esas enfermedades, combatiendo fueron muy duros. Se calcula que, desde esa posición, estos 50 hombres causaron unas 700 bajas al enemigo, entre muertos y heridos.
A estas alturas muchos ya habían enfermado. Murió el teniente Alonso y en noviembre murió también el capitán Las Morenas. Quedó al mando el segundo teniente Saturnino Martín Cerezo.
Desde ese momento su gran preocupación era que el enemigo no se diera cuenta de lo débiles que estaban. Por eso ordenó que solo hicieran guardia los hombres que tuvieran mejor aspecto. Y en diciembre, con apenas 20 hombres en condiciones de combatir, tomó una decisión arriesgada. Hacer una salida por sorpresa para conseguir alimentos frescos, como frutas y verduras, y poder luchar contra la enfermedad.
La hicieron, salió bien y eso le salvó la vida. Pasaron las navidades sitiados, sin saber que el 10 de diciembre de ese año 1898 ya se había firmado el Tratado de París, con el que España perdió definitivamente Filipinas. Vamos, que estaban luchando por un territorio que ya no les pertenecía.
Imagínate la situación que rozaba lo absurdo. Un puñado de españoles sitiados en una iglesia, y a su alrededor todo el mundo queriendo que aquello se terminara porque era una batalla sin sentido.
España envió a varios oficiales para hacerles entender que todo había acabado, que Filipinas ya no era española y que estaban luchando por algo que no les pertenecía. Pero Martín Cerezo desconfiaba de todos.
Hasta Estados Unidos intentó sacar de allí a los soldados de Valer, para que aquello acabara de una vez por todas. Envió un barco, pero también fracasó. En este caso porque los soldados norteamericanos que desembarcaron cayeron en manos de los filipinos. Y es que en febrero de 1899 había empezado otra guerra, esta vez entre filipinos y estadounidenses.
Fíjate que esos pocos hombres que todavía estaban luchando podían poner en jaque muchas cosas. España quería sacarlos de allí lo antes posible porque pensaban que podían complicar la salida pacífica de Filipinas y sobre todo la liberación de los soldados españoles que serían como prisioneros de guerra de los filipinos. Todo el mundo quería que esa batalla en Valer acabase, pero los soldados de Valer no se creían a nadie.
El momento clave de esta historia, su final, llega a finales de mayo de 1899. Se envió a negociar con los de Valer al teniente coronel Aguilar. Lo intentó, pero nada, no le hicieron caso. Creían que todo era otro engaño para que se rindieran.
Sin embargo, esa visita lo cambió todo. A lo tonto, llevaban ya casi un año encerrados. Los alimentos se acababan, así que Cerezo empezó a preparar una huida con sus hombres hacia la selva. Pero el teniente coronel Aguilar había dejado allí unos periódicos para que viesen que la derrota de España era verdad.
Cerezo se puso a ojearlos. Él pensaba que eran periódicos falsos creados por los filipinos. Pero encontró una noticia tan concreta que era imposible que los filipinos la hubieran inventado. Cerezo leyó que un oficial amigo suyo, un teniente al que conocía bien, había sido destinado a un regimiento en la península, en Málaga.
Al ver esa noticia tan concreta sobre esa persona que conocía, Cerezo se dio cuenta de que ese era un periódico real de España. Así se dio cuenta de que todo era verdad. España había perdido la guerra y había perdido Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
Así fue como descubrieron que eran los últimos de Filipinas. Cerezo reunió a sus hombres y les explicó que solo había una salida posible, rendirse. El 2 de junio de 1899, el destacamento se rindió. Habían resistido 337 días.
Aquellos hombres se habían ganado un cierto respeto. El líder filipino, Emilio Aguinaldo, ordenó que no se les considerara enemigos ni prisioneros, sino amigos.
les dieron víveres y les facilitaron el regreso a Manila y de allí a España, donde los 33 supervivientes fueron recibidos como héroes. Eso sí, hoy hay quien ve en esta historia un ejemplo de heroísmo y quien ve más bien un ejemplo de cabezonería, es decir, de no querer cambiar de opinión pase lo que pase. Probablemente hubo un poco de las dos cosas.
Para terminar, déjame que te cuente una anécdota. Ya en España, estos hombres fueron recibidos en audiencia por la reina regente María Cristina. Se cuenta que cuando Cerezo le dijo que él solo había cumplido con su deber, ella contestó
¡Ay, Martín! Si todos hubieran cumplido con su deber... Hasta aquí el episodio de hoy. Y ya sabes, si te gusta este podcast y el trabajo diario que hacemos, tu colaboración sería de gran ayuda. Para colaborar, puedes hacerte suscriptor premium.
Los suscriptores premium pueden escuchar el catálogo completo del podcast. con todos los episodios publicados desde 2017. También pueden leer la transcripción, ver explicaciones y hacer ejercicios en cada episodio. Hazte suscriptor premium en hoyhablamos.com.
Muchas gracias por escucharnos. Nos vemos en el episodio de mañana. Pasa un buen día. Hasta mañana.