2350. Noticias en español
Vocabulary
- órgano musical instrument with pipes.
- acorde group of notes played simultaneously.
- ictus stroke (medical event).
- recaudar fondos to raise funds.
- arcón large strongbox or chest.
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Hoy hablamos episodio 2350, noticias en español. Bienvenido a Hablamos, el podcast para aprender español cada día. Hablar español es una rutina muy efectiva para aprender el idioma. Creo que ninguna rutina está completa si no incluyes, al menos, una hora a la semana de conversación en español.
Nuestros profesores, Paco y Sara, pueden formar parte de esta rutina. Reserva una clase de prueba en hoyhablamos.com barra clases. Hola oyente, ¿cómo estás? Es jueves y eso nos lleva a hablar de noticias.
Empezaremos con una pieza de música que está sonando ahora mismo y que ninguno de nosotros veremos terminar. Seguiremos con una mujer digna de admiración y terminaremos con un libro que no se devolvió a tiempo a la biblioteca. Hoy hablamos de noticias en español.
Empecemos con una pregunta. ¿Cuánto dirías tú que dura la pieza de música más larga que has escuchado? ¿Diez minutos? ¿Media hora? Pues de música larga, larguísima, es de lo que vamos a hablar en la primera noticia de hoy.
Para esta historia tenemos que viajar hasta Alemania, en concreto a la iglesia de San Bucciardi, en la ciudad de Halvastad. Allí hay un órgano, pero no es un órgano cualquiera. ¿Por qué? Porque en él está sonando una única pieza de manera ininterrumpida desde 2001.
Y ninguno de los que estamos aquí escuchará el acorde final, porque la obra no termina hasta septiembre del año 2640. Te estarás preguntando, ¿cómo es esto posible? Vamos a verlo.
La obra en cuestión se llama Organ 2, as slow as possible, tan lento como sea posible, y es de John Cage. Y ahí tenemos ya la primera pista sobre la obra. Es una obra lenta.
Cage la compuso para piano en 1985 y un par de años después la adaptó al órgano con una única indicación, tocarla lo más lenta y suave posible. Claro, eso es muy ambiguo y desde que la obra vio la luz se ha interpretado de muchas maneras. Y como lo más lento posible puede significar tantas cosas, en esta iglesia alemana decidieron que iban a ser 639 años.
Tampoco es una cifra elegida al azar, Son los años que pasaron entre 1361, cuando se construyó en Halvestad el primer órgano de 12 tonos del mundo, y el año 2000.
El comienzo también tiene su explicación. Lo hicieron coincidir con el 5 de septiembre de 2001, el día en que Cage habría cumplido 89 años. Eso sí, la obra empezó con una larguísima pausa de silencio, así que los primeros acordes no se escucharon hasta 2003.
Para un momento aquí, porque seguro que estás pensando en la pobre persona que tenga que estar tocando ese órgano. Pues no hace falta nadie. El órgano funciona solo, gracias a un sistema de aire impulsado eléctricamente.
Los cambios de acorde se hacen a mano, añadiendo o retirando tubos. Y como eso pasa muy de vez en cuando, cada cambio se convierte en un auténtico hito. Para que te hagas una idea, hubo uno en 2020, otro en 2022, otro en 2024 y el último el pasado 5 de agosto, cuando el acorde pasó de 7 notas a 8.
El siguiente no llegará hasta octubre de 2027. Antes de acabar, vamos a conocer un poco al autor de esta pieza tan especial. John Cage murió en 1992 y fue una de las figuras más influyentes de la música del siglo XX. Su obra más conocida se llama 4 minutos 33 segundos.
Se estrenó en 1952 y se llama así porque consiste en un silencio absoluto que dura exactamente eso, 4 minutos y 33 segundos. El músico se sienta delante del instrumento y no toca ni una sola nota, así que la música la forman los ruidos involuntarios del público.
Hay quien piensa que esto es una genialidad y hay quien piensa que es tomar el pelo al espectador. Tú decides, oyente. El caso es que, aunque ninguno de nosotros vaya a estar vivo en el año 2640,
ya se pueden comprar entradas para ese día. Eso sí, son heredables. Precio, 2.640 euros, unos 3.045 dólares. Así que, ya sabes, oyente, puedes dejar en herencia el final de un concierto que durará más de seis siglos.
Vamos con la segunda noticia del día. Si me preguntan cómo quiero llegar a viejo, la respuesta está en la protagonista de la segunda noticia de hoy. Se llama Betty Bromage, tiene 97 años y vive en Chaltman, en Inglaterra. ¿Por qué es noticia?
Porque acaba de batir su propio récord en una disciplina que se llama windwalking. ¿Y en qué consiste? Pues es una actividad extrema. Volar atado a la parte superior de una avioneta, en pleno vuelo.
Casi nada. Y fíjate que te he dicho que ha superado su propio récord. Y es que esta mujer ya había entrado en el libro Guinness de los récords en 2022, con 93 años, al convertirse en la mujer de más edad en caminar sobre las alas de un avión.
Pero si esto de por sí tiene mérito, más lo tiene todavía cuando te cuento cuándo lo ha hecho. Porque en agosto del año pasado, en 2025, Betty sufrió un ictus, es decir, un accidente cerebrovascular. La sangre deja de llegar bien a una parte del cerebro. Pudo recuperarse gracias a la rápida intervención de los médicos.
Y dice que la única secuela que le ha quedado está en el habla. Te lo cuenta ya misma. Me trataron muy bien en el hospital. Eso afecta a mis palabras, pero por lo demás estoy bien.
Lo lógico, después de conocer su edad y el ictus que sufrió, es preguntarse. ¿Por qué? Porque es subirse al ala de una avioneta en movimiento. Ella lo tiene claro.
Es su manera de no convertirse en una persona inactiva. Y lo explica así. De lo contrario, me aburriría de la vida. No puedo conducir, no veo muy bien y me frustro un poco.
Así que quiero hacer las cosas que sí puedo hacer. Y no es la primera vez que lo hace. Esta ha sido la sexta. La primera fue a los 87 años. Eso sí, conviene aclarar que no hablamos de una locura improvisada.
Estos vuelos se hacen en aeródromos, con equipos profesionales y con la persona bien sujeta a la estructura del avión. Además, detrás de esta gesta hay otro motivo. Betty trabajó muchos años como enfermera, Y esta vez ha volado para recaudar fondos para el lugar donde la atendieron cuando sufrió el ictus, la unidad de accidentes cerebrovasculares del Hospital General de Chaltram.
Una persona digna de admiración, sin duda. Me vas a permitir, oyente, que termine con una frase que ella misma recuerda. La leyó hace muchísimos años, escrita en la pared de un hospital, cuando todavía trabajaba como enfermera, y dice que le ha servido de inspiración desde entonces. Dice así, «Solo pasamos por este mundo una vez.
Cualquier bien que podamos hacer, cualquier acto de bondad que podamos demostrar, hagámoslo ahora. No lo posterguemos ni lo descuidemos. No volveremos a pasar por aquí».
Llegamos a la última historia de hoy. Te hago una pregunta, oyente. ¿Cuánto es lo máximo que has tardado en devolver un libro a la biblioteca? Sea lo que sea, te aseguro que no supera lo que ha pasado en nuestra última historia de hoy.
En esta ocasión viajamos a Australia, a Kayama, una localidad costera que está a unos 120 kilómetros al sur de Sydney. Allí, durante unas obras en una casa, una familia encontró un viejo arcón de té escondido detrás de una chimenea tapiada.
Y dentro estaba el verdadero protagonista de esta historia, un libro. En principio, no parece nada extraordinario. Se titula Las Antigüedades de Atenas y se publicó en 1858.
Pero tiene una particularidad. Y aquí está la clave de la noticia. El libro llevaba un sello. ¿De quién? De la biblioteca de la ciudad. El arcón estuvo años guardado en la familia, hasta que uno de sus miembros, Ross Simmons, de 77 años, se puso a ojear el libro y vio el sello.
Y decidió devolverlo a la biblioteca. Resulta que es uno de los mil volúmenes con los que empezó la biblioteca en 1872. Concretamente, era el número 506. ¿Y quién se lo llevó a casa?
No se sabe con seguridad, porque los registros de préstamos de aquella época se han perdido. Pero Ross sospecha de su bisabuelo, John Simmons, que vivía en esa casa justo por aquellos años.
Y es una sospecha con sentido. John Simmons se había formado en Londres y trabajó como cantero, es decir, como trabajador de la piedra, en la construcción de las casas del parlamento británico. Después emigró a Australia, donde se dedicó a la arquitectura y a la construcción. Un libro sobre monumentos griegos encajaba perfectamente en su estantería.
Y teniendo en cuenta que ha pasado siglo y medio dentro de una chimenea, el libro está en buenas condiciones. Solo presenta daños del paso del tiempo y de la humedad.
Ahora pasará a formar parte de la colección de historia local de la biblioteca. Y eso sí, no se volverá a prestar. Como dice su responsable, «No queremos tener que esperar otros 150 años para que vuelva».
Claro, tú te estarás preguntando. ¿Y la multa? ¿De cuánto ha sido? Pues vamos a echar cuentas. Dentro del propio libro aparecen las normas de la biblioteca de entonces.
El préstamo duraba un mes y el retraso costaba tres peniques por cada semana. Con esas cifras y ajustando la inflación, la biblioteca calcula que la multa rondaría los 28.000 dólares australianos, unos 17.000 euros.
¿Han tenido que pagarlos? No. La biblioteca ya no cobra multas por retraso y no piensa reclamar nada. Por cierto, esas normas antiguas tienen otras joyas.
Por ejemplo, una casa solo podía llevarse tres libros a la vez si al menos seis miembros de la familia sabían leer. Y no se prestaban libros a quien llegara a la biblioteca en estado de embriaguez.
¿A qué hora tu retraso de un mes al entregar un libro ya no te parece para tanto? Y esto es todo por hoy. Ya hemos llegado al final del episodio. Antes de acabar, recuerda que puedes utilizar este podcast en tu rutina de aprendizaje usando las transcripciones, explicaciones y ejercicios que ofrecemos en nuestra web y escuchando el catálogo completo con más de 2.000 episodios.
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Pasa un buen día. Hasta mañana.