2348. Turismofobia
Vocabulary
- turismofobia fobia al turismo masificado por su impacto negativo.
- turismo masivo turismo de masas que satura los destinos.
- sobresaturación cuando los visitantes superan la capacidad de acogida.
- desplazamiento salida de residentes locales por el alto coste de vida.
- gestión insostenible mala administración del crecimiento turístico.
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Hoy hablamos episodio 2348, Turismofobia. Bienvenido a Hoy hablamos, el podcast para aprender español cada día. Si escuchas este podcast cada día, tu español estará mejorando, eso está claro. Pero si quieres ir más rápido, hazte suscriptor premium.
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¿Te ha pasado eso de llegar a un sitio y encontrarte con tanta pero tanta gente que lo único que tienes ganas de hacer es marcharte? Pues de una de las consecuencias de ese turismo masivo vamos a hablar en el episodio de hoy. Hoy hablamos de turismofobia.
El pasado 26 de julio hubo en Palma de Mallorca, España, una manifestación convocada por la plataforma Menos Turismo, Más Vida. La marcha estaba respaldada por más de 130 entidades sociales y salió a la calle con un lema muy claro, Mallorca al límite. ¿Y cuánta gente fue? Pues aquí depende de a quién le preguntes.
Los organizadores hablaron de unas 70.000 personas, la policía de entre 22.000 y 25.000. Te doy las dos porque en este tipo de protestas casi nunca coinciden.
Ahora quédate con otro dato. Las Islas Baleares, a las que pertenece Mallorca, recibieron el año pasado más de 19 millones de turistas. Y en el archipiélago viven poco más de 1.200.000 personas.
O sea, unos 15 visitantes por cada residente. Todo ese turismo dejó un gasto de más de 23.000 millones de euros. Estos datos, junto con la noticia de la manifestación, parecen contradictorios. Nos podrían llevar a pensar cómo es posible que un lugar que claramente vive del turismo se manifieste contra el turismo.
Bueno, pues porque en realidad no se manifiestan contra el turismo en sí, sino contra el turismo masivo. Y eso es lo que hay detrás del concepto de turismofobia, que es de lo que vamos a hablar en el episodio de hoy.
Si te parece, lo primero que vamos a aclarar es qué significa exactamente ese concepto. Y para ello nos vamos al diccionario de referencia en España, el de la RAE, que incorporó esta palabra en diciembre de 2025.
Fíjate qué reciente. Es una palabra nueva incluso para el diccionario. Lo define así. Fobia al turismo masificado, a causa de su impacto negativo en el medio ambiente y en la calidad de vida de la población local.
Y aquí es donde tenemos que hacer la primera aclaración del día. Mucha gente, cuando se habla de turismofobia, dice que es un movimiento en contra del turismo,
Y eso no es exacto. Es, tal y como dice la definición, contra el turismo masificado. Y ya que estamos, te cuento algo más. No todo el mundo está de acuerdo con usar esta palabra para definir al movimiento.
Hay investigadores a los que no les gusta nada porque dicen que ese sufijo, fobia, convierte un malestar social en una especie de enfermedad, como si el vecino que protesta tuviera un miedo irracional.
¿Cuándo nace este fenómeno? Lo cierto es que el término es bastante reciente. Las primeras apariciones documentadas están en artículos de prensa de Barcelona del año 2008.
Después se fue generalizando a raíz de las protestas que se han ido sucediendo en distintas ciudades, no solo en España, sino en muchas partes del mundo. Sobre todo en desde 2017.
Fíjate que ya ese año el secretario general de la Organización Mundial del Turismo habló sobre el tema y dijo algo que me parece importante para no quedarnos solo con una cara de la moneda. Que el crecimiento no es el enemigo, sino la gestión insostenible de ese crecimiento.
Para él, el turismo seguía siendo una fuerza enormemente positiva. El problema estaba en cómo se gestionaba. Pero más allá de la palabra, el impacto del turismo masivo en las ciudades se lleva estudiando desde los años 70 del siglo pasado, cuando el turismo de masas ya era una realidad.
Déjame contarte un ejemplo. El índice de irritación turística que presentó el investigador George Doxy en 1975. Doxy dividía la relación entre los habitantes de un lugar y los turistas en cuatro etapas.
La primera es la euforia. El destino empieza a despegar y la gente acoge a los visitantes esperando beneficios. La segunda es la apatía. El turismo ya está consolidado y la reacción con el visitante es solo económica.
La tercera es la irritación, que llega con el aumento drástico del turismo. Y la cuarta es el antagonismo, que viene dado por el turismo masivo. Esta última etapa es lo que hoy conocemos como turismofobia.
Eso sí, hay que decir que es un modelo muy sencillo y que se le ha criticado precisamente por eso. Da por hecho que un pueblo entero siente lo mismo. Y eso casi nunca es así. En una misma ciudad hay quien vive del turismo y puede estar muy contento.
Y hay quien lo sufre y quiere que el turismo desaparezca. Llegados a este punto, vamos a preguntarnos cuáles son las causas de la turismofobia. Y para poder entenderlo, vamos a poner a España como ejemplo y primero vamos a ver unos cuantos datos del turismo en nuestro país.
España tiene ahora mismo casi 50 millones de habitantes y el año pasado entraron en el país casi 97 millones de turistas internacionales. Esos turistas se concentraron sobre todo en ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia o Palma de Mallorca.
Claro, todo eso deja unos beneficios económicos enormes. Casi 135.000 millones de euros de gasto. El turismo supone alrededor del 13% del PIB español y más de 2 millones y medio de puestos de trabajo, en torno al 12% del empleo total. ¿Por qué te cuento esto?
Para que entendamos que España es un país con muchísimo turismo y que, en gran parte, vive de él. Con esto en mente, veamos cuáles son las causas de la turismofobia. Una de las principales es la sobresaturación de los destinos. ¿En qué consiste?
Ocurre cuando el número de visitantes supera la capacidad de acogida de un lugar, es decir, la cantidad de gente que ese sitio pueda absorber sin colapsar. Y eso genera atascos en todo, en las calles, en los servicios públicos, en los bares y en las propias atracciones turísticas. En el Parque Nacional del Teide, en Tenerife,
se ha empezado a limitar el acceso y a cobrar una tasa. En la Fontana di Trevi, en Roma, también se ha regulado el paso. Y en Venecia hay que pagar por entrar en la ciudad. Hay miles de ejemplos.
Otra de las causas es que se incrementa el coste de la vida. Y es que claro, si el turismo crece, crece la demanda. Y si crece la demanda, suben los precios.
Eso afecta directamente a los habitantes del lugar, que ven cómo sube el coste de la vida y no siempre a todos les sube el sueldo por igual. Algunos habitantes pueden beneficiarse, sobre todo los que tienen negocios o trabajos directamente relacionados con el turismo. Pero muchos otros, su sueldo no sube al mismo ritmo al que suben los precios. Su capacidad económica disminuye.
Y aquí no hablamos solo de la comida, del ocio o del transporte. Hablamos también de la vivienda. En las ciudades que tienen un turismo masivo, sus propios habitantes tienen complicado seguir viviendo allí.
Esto nos lleva a otra de las causas de la turismofobia, el desplazamiento de los residentes locales y de los negocios locales. Al no poder asumir la vida en esas ciudades, mucha gente tiene que irse. Y al mismo tiempo, los negocios de toda la vida cierran y se sustituyen por negocios más centrados en servir al turista. Y así, muchos centros históricos carecen ya de vecinos, desde los pisos hasta los locales.
Todo está pensado para el turista. Es ese fenómeno que quizá tú hayas vivido, oyente. Llegas a una ciudad nueva y te encuentras las mismas tiendas, las mismas cafeterías y los mismos restaurantes que en la anterior.
Otra de las causas de la turismofobia es el deterioro del entorno local. Y esto no afecta solo a los monumentos o a los sitios turísticos. Afecta a todas las infraestructuras, que con tanto uso se estropean antes.
Por no hablar de la contaminación y de la presión sobre recursos como el agua. Y aquí llegamos a la pescadilla que se muerde la cola. Si el lugar se deteriora, pierde su encanto. Y si pierde su encanto, acaba perdiendo también el turismo del que vivía.
¿Cuáles son entonces las posibles soluciones para la turismofobia? Las soluciones pasan por controlar los impactos colaterales que trae el turismo de masas. Como muchas otras actividades económicas, el turismo genera externalidades negativas.
Este término, externalidades negativas, se usa en economía para hablar del daño que genera una actividad económica en terceras personas que no participan en esa actividad y que no se benefician de ella.
Estas posibles soluciones se pueden agrupar en dos ramas. Por un lado, gestionar el turismo teniendo en cuenta a la población local y, por otro, diversificar la economía para depender menos de él.
En lo que tiene que ver con el turismo en sí, se habla mucho de abogar por un turismo sostenible, es decir, de encontrar un equilibrio entre las necesidades de los turistas, las de la comunidad local y las del medioambiente. En este sentido, muchos sitios están apostando por limitar el número de turistas, imponiendo límites en apartamentos turísticos o subiendo las tasas turísticas.
Y aquí hay una idea que se repite mucho entre los expertos. No basta con que el turismo genere dinero. El dinero tiene que repartirse entre la economía local de forma más diversa para que la gente local también salga ganando.
Otra idea es la descentralización del turismo, es decir, fomentar el turismo en zonas menos visitadas. Con eso se consiguen varias cosas. Repartir la riqueza que genera el turismo por todo el territorio, mejorar la experiencia del viajero que ya no se encuentra con las colas de siempre y hacer que la vida en las zonas más turísticas siga siendo posible para sus vecinos. Y la última idea que comentaremos hoy es
es la diversificación de la economía. Si un territorio depende casi por completo del turismo, se vuelve muy dependiente y es un riesgo para la economía si ocurre algo que afecta al sector. También el turismo es un sector en el que no es sencillo mejorar la productividad y lograr mayores sueldos para los trabajadores.
Por eso se habla de invertir más en otros sectores. Ahora bien, aquí hay que hacer una aclaración importante, porque muchos economistas insisten en que diversificar no significa tener menos turismo, sino tener más de todo lo demás.
En definitiva, no se trata de entrar en posiciones antiturísticas, sino de buscar una forma de convivencia equilibrada entre el turismo, la vida cotidiana de la gente y el modelo económico de cada territorio.
Hasta aquí el episodio de hoy. Y ya sabes, si te gusta este podcast y el trabajo diario que hacemos, tu coloración sería de gran ayuda. Para colorar puedes hacerte suscriptor premium. Los suscriptores premium pueden escuchar el catálogo completo del podcast, con todos los episodios publicados desde 2017.
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Pasa un buen día. Hasta mañana.