2338. Aum Shinrikyo, la Verdad Suprema
Vocabulary
- Aum Shinrikyo Organización terrorista japonesa responsable del ataque con gas sarín en el metro de Tokio.
- Shoko Asahara Líder carismático y controvertido de Aum Shinrikyo, considerado un ser iluminado y profeta apocalíptico.
- Gas Sarín Arma química fabricada y utilizada por Aum Shinrikyo en ataques terroristas, incluyendo el ataque en Matsumoto.
- Matsumoto Ciudad japonesa donde Aum Shinrikyo lanzó un ataque con gas sarín en 1994, causando ocho muertes y cientos de heridos.
- Haruki Murakami Autor que escribió el libro "Underground" que documenta testimonios de víctimas del ataque con gas sarín.
Full Transcripttap the text to seek
Aviso, en el episodio de hoy mencionamos un atentado terrorista y vamos a mencionar muertes y violencia. No vamos a entrar en detalles desagradables, pero si eres sensible a estos temas, quizá es mejor que no escuches este episodio.
Hoy hablamos episodio 2338, a un sindicio, la verdad suprema. Bienvenido a Hoy hablamos, el podcast para aprender español cada día. Tenemos más de 2.000 episodios en nuestro catálogo y publicamos un episodio del podcast Premium cada viernes. Este contenido está disponible solo para suscriptores Premium.
Hazte suscriptor Premium en hoyhablamos.com. Hola oyente, ¿cómo estás? Seguimos con nuestro tema del mes, en el que estamos conociendo más profundamente algunas sectas. En esta ocasión hablaremos de una que sembró el terror en el metro de Tokio.
Hoy hablamos de Aum Shinrikyo, la verdad suprema. Quiero que empecemos poniéndonos en la piel de una de las víctimas. Y para eso te voy a recomendar un libro que merece muchísimo la pena. Se llama Underground y lo escribió Haruki Murakami.
En él, el autor recogió los testimonios de decenas de personas que estaban aquella mañana dentro del metro. Uno de esos testimonios es el de un hombre que iba dormido en su vagón. Cuando abre los ojos, ve a un empleado de la estación, con su uniforme verde, que entra y sale del vagón una y otra vez.
El suelo está empapado de un líquido extraño y él se encuentra apenas unos metros de aquello. Como iba dormido, no vio absolutamente nada y por eso, cuando la policía le pregunta después, no puede aportar gran cosa. Y ahí llega lo más incómodo. Se da cuenta de que lo miran como a un sospechoso, porque justo aquella mañana se dirigía al barrio donde la secta tenía su cuartel general.
El tren continúa hasta la siguiente parada y allí los obliga a bajar a todos. A él le duele el cuerpo entero, tose, no puede respirar. A su lado hay gente que ni siquiera se puede mover y varios empleados del metro tienen que entrar para levantar a una mujer que se ha quedado inmóvil en el asiento. Y él, en medio de todo aquello, solo se hace una pregunta.
¿Qué está pasando aquí? Lo que estaba pasando, oyente, era el atentado con gas sarín del 20 de marzo de 1995, perpetrado por la secta aún sin riquio, la verdad suprema, y que dejó 13 víctimas mortales y miles de heridos.
Pues bien, nosotros hoy, además de recomendarte la lectura de ese libro, vamos a conocer un poco mejor a la secta que había detrás. El nombre de esta secta es Aumshindikyo, que significa Verdad Suprema.
Podríamos definirla como Apocalíptica y nace en Japón en el año 1984, aunque adopta ese nombre unos años más tarde. También podemos definirla, sin miedo a equivocarnos, como una organización terrorista, porque, como te decía al principio, fue la causante de decenas de muertes en distintos ataques.
Si te parece, igual que hicimos en el episodio anterior, vamos a empezar por su líder, que es la base para entender todo lo demás. Su líder era Shoko Asahara, su nombre real era Chizuo Matsumoto y nació en el año 1955.
Algo que lo acompañó desde muy pequeño fue un glaucoma, que le hizo perder por completo la visión de un ojo y casi por completo la del otro. Estudió en un colegio para personas ciegas. Y déjame que me pare un segundo aquí, porque esto nos da una muestra de su personalidad.
Resulta que, al conservar algo de visión, aprovechó esa ventaja frente a sus compañeros y se convirtió en un auténtico buzón. Les hizo la vida imposible. Según cuentan antiguos compañeros de clase, era un chico cruel y además les sacaba dinero a cambio de ayudarlos. Dicho esto, sigamos.
Su sueño era estudiar medicina, pero no consiguió entrar en la universidad, así que se orientó hacia la acupuntura y la medicina tradicional china. De hecho, llegó a tener una farmacia ilegal hasta que lo pillaron y tuvo que pagar una multa.
Desde muy pronto se interesa por la religión y en un primer momento se acerca al budismo. Poco después funda una asociación centrada en clases de yoga y meditación.
Pero la cosa no tarda en irse las manos y aquello deja de ser una simple clase de yoga para convertirse en algo mucho más grande. Hay que tener en cuenta que este hombre pensaba de sí mismo que era un iluminado, que tenía la capacidad de levitar, de curar o incluso de ver a través de las cosas. Un delirio, vamos. Pero claro, era un líder carismático que mezclaba doctrinas budistas con influencias del cristianismo, interpretaciones muy libres del yoga y las profecías de Nostradamus.
Vaya mezcla curiosa. La cuestión es que empieza a ganar adeptos, Y no te creas que eran cuatro locos. No, había ingenieros, médicos, científicos, gente muy preparada que creía de verdad que aquel hombre era un ser especial.
Y no hablamos solo de personas ingenuas, sino de personas que estaban en un momento vulnerable de su vida y que se encontraron con alguien que les ofrecía respuestas a todo.
Te doy un dato para que veas hasta qué punto lo seguían con fe ciega. Le pedían cabellos suyos para hacerte convencidos de que, a través del pelo, él podría transmitirles parte de esa magia que supuestamente poseía.
Pasa el tiempo y en el año 1989 la secta consigue de manera oficial el estatus de organización religiosa. Imagínate lo que supuso aquello. Tanto es así que llegó a considerarse una especie de asociación de la élite. Tenía muchísimos seguidores, unos 10.000 solo en Japón y varios miles más fuera de las fronteras del país nipón.
La cosa fue a más y llegó el momento en el que el discurso empezó a girar en torno al apocalipsis. Su líder proclamó que estaba convencido de que iba a estallar una tercera guerra mundial.
Como te podrás imaginar, aquí se siguen todos los pasos típicos de una secta, con el fin de aislar a los seguidores y sacarles el dinero. Aislar a los miembros es la base de todo, y es la única manera de entender cómo gente tan preparada puede llegar a creerse todo esto a pies juntillas.
¿Y cómo lo hacían? Pues con los clásicos entre los clásicos. El líder les ofrecía la vida eterna y una especie de iluminación. Eso sí, con la condición de que dejaran atrás sus vidas y se trasladaran a las instalaciones de la secta o a lugares bajo su control.
Y evidentemente utilizaban técnicas de sometimiento y de persuasión, entre ellas las drogas. Es en este año cuando la cosa se complica y empieza la violencia. Empiezan a acumularse las acusaciones contra ellos y la secta empieza a responder con violencia. Llegan incluso a asesinar a quienes lo señalan públicamente.
El caso más conocido es el de un abogado que trabajaba contra las sectas. Este abogado se llamaba Tsutsumi Sakamoto, tenía 33 años y trabajaba en Yokohama.
Su labor consistía en ayudar a las familias que querían sacar a sus hijos de la secta y además estaba preparando una demanda colectiva que podría destruir la organización. Pero lo que precipitó su asesinato fue algo que hoy nos parece increíble. En octubre de 1989, Sakamoto grabó una entrevista para una cadena de televisión japonesa en la que ponían entredicho todo aquello de que el líder era un iluminado y un ser especial.
Antes de emitirla, la cadena enseñó la grabación a los responsables de la secta. La secta presionó y aquella entrevista nunca llegó a emitirse, por lo que toda la información que iba a dar el abogado nunca la vio el público. Y pocos días después, de madrugada, varios miembros de la secta entraron en casa de Sakumoto y los mataron a los tres, a él, a su mujer y a su hijo, un bebé de un año.
Lo que necesitamos saber de cara a la jugada final de esta secta es que empezaron a fabricar sus propias armas químicas y a usarlas en ataques pequeños. Y utilizo la palabra pequeños por lo que viene a continuación.
Su arma preferida, la que fabricaban en sus propias instalaciones, era el gas sarín. Y el ataque más grave hasta ese momento fue el de la ciudad de Matsumoto, en la prefectura de Nagano. en junio de 1994, donde murieron 8 personas y hubo cientos de afectados.
Después de aquello, las autoridades los van cercando más y más, y el líder, ante el temor de una redada policial, da el paso definitivo. De esta manera, nos plantamos en el 20 de marzo de 1995. ¿Qué pasa ese día? Cinco hombres de la secta se internan en trenes de las tres líneas principales del metro de Tokio.
Todas ellas pasaban por la estación de Kasumigaseki, donde se encuentran varios edificios del gobierno japonés y la sede de la policía más importante del país.
Cada uno de ellos llevaba una bolsa con gasarín líquido envuelta en papel de periódico. Y, llegado el momento, rompieron la bolsa con la punta afilada del paraguas que llevaban. Con la máxima calma salieron del vagón y fuera los esperaba un coche que los sacó del lugar de los hechos. Todos ellos llevaban un antídoto, aunque solo uno tuvo que utilizarlo.
Y no te creas que iban engañados o que no sabían lo que estaban haciendo. Tampoco fue un acto improvisado. Eligieron las líneas que pasaban por ese punto concreto, en la hora punta de un lunes, que es el día de más tránsito. Querían hacer el mayor daño posible.
En apenas unos minutos, poco después de las 8 de la mañana, el Sarín se abrió paso en una quincena de estaciones. A partir de ahí, aquello fue una auténtica escena de pánico. Consecuencias. Unas 6.300 personas afectadas, 13 muertos y decenas de heridos con secuelas muy graves.
¿Y qué pasó con ellos? Y sobre todo, ¿qué fue de su líder? Unos 190 miembros de la secta fueron detenidos. Hubo 6 condenas a cadena perpetua y 13 penas de muerte.
Shoko Ashahara fue condenado a muerte y ahorcado en el año 2018. Por cierto, un detalle que mucha gente desconoce. La organización nunca llegó a desaparecer del todo. Se dividió en varios grupos que cambiaron de nombre, que se desvincularon públicamente de aquellos ataques y que hoy siguen bajo la vigilancia de las autoridades japonesas.
Si me permites, para dejar clara la crueldad de esta secta y de estos atentados, déjame terminar con la idea con la que Murakami abre su libro. Antes de contarnos ningún testimonio, él nos invita a hacer un ejercicio muy sencillo.
Imaginar aquel lunes por la mañana, un día laborable normal y corriente, encajado entre un domingo y un día festivo, una mañana fresca y despejada de principios de primavera, el despertador que suena a la hora de siempre, el desayuno rápido, el abrigo, el tren abarrotado de gente medio dormida camino del trabajo. Y quizá ahí esté lo más estremecedor de toda esta historia. Porque lo que la convierte en algo tan terrible no son solo los datos ni las cifras que te he contado hoy.
Es la absoluta normalidad de aquella mañana. Ninguna de esas personas sabía que aquel lunes iba a ser distinto a todos los demás. Y ahí, oyente, es donde uno entiende de verdad que busca el terrorismo, convertir lo más rutinario de nuestra vida, algo tan cotidiano como ir a trabajar en metro en el escenario de una tragedia.
Esto ha sido todo por hoy. Muchas gracias por escucharnos. Nos vemos en el episodio de mañana.