2329. Los desastres del verano
Vocabulary
- Desastres climáticos Referencia a eventos extremos como olas de calor, incendios y lluvias torrenciales causados por el cambio climático.
- Olas de calor Períodos prolongados de temperaturas extremadamente altas, con registros históricos y efectos negativos en la salud.
- Incendios La propagación de incendios forestales, especialmente en España, con grandes extensiones quemadas y pérdida de vidas.
- Sequías flash Eventos de sequía repentina y severa debido a la rápida evaporación del agua en condiciones de calor extremo.
- Amnesia climática La tendencia humana a normalizar los eventos climáticos extremos con el tiempo, olvidando rápidamente los impactos negativos.
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Hoy hablamos episodio 2329, los desastres del verano. Bienvenido a Hablamos, el podcast para aprender español cada día. Tenemos más de 2.000 episodios en nuestro catálogo y publicamos un episodio del podcast Premium cada viernes. Este contenido está disponible solo para suscriptores Premium.
Hazte suscriptor premium en hoyhablamos.com. Hola oyente, ¿cómo estás? Acabamos el tema del mes que hemos dedicado al verano y lo hacemos centrándonos en la parte más dramática del mismo. Hoy hablamos de los desastres del verano.
El verano es, sin duda, una de las épocas más felices y rajadas del año. Vacaciones, playa, desconexión, tiempo para los nuestros… Pero también es una época que puede traer verdaderos desastres climáticos.
De hecho, el verano del año pasado, el de 2025, será recordado como uno de los más duros hasta la fecha. Batió récord tras récord y, por desgracia, todo apunta a que no será el último. Así que, para cerrar este tema del mes, vamos a sumarnos a la cara más negativa de esta estación tan bonita. Todo lo que vamos a contar hoy nace de un mismo hecho, que es el desencadenante de todos los demás, el cambio climático.
No te lo voy a explicar porque ya lo hemos hecho en otros episodios, pero sí te recuerdo una de sus consecuencias, el aumento de las temperaturas. Y ahí está la base de casi todos los desastres del verano, el calor extremo.
Vamos con algunos datos del verano de 2025, que es el último completo del que tenemos cifras. Fue el verano más caluroso en nuestro país desde que hay registros, con una temperatura media de 2,1 grados centígrados más alta de lo normal. Ese año España vivió 33 días en total bajo olas de calor.
Ahora las veremos con más detalle, pero antes déjame darte unos datos que vienen al hilo de este tema. La primera ola de calor del año llegó en junio y fue una de las más tempranas de las que se tiene registro. Es decir, que las olas de calor ya no esperan al pleno verano, sino que empiezan en primavera.
De hecho, aquel junio fue el mes más raro a nivel caluroso en España desde que hay registros, con temperaturas que se dispararon muy por encima de lo habitual. Por eso, según la EMET, nuestros veranos son cada vez más largos.
Hace ya 10 años, un estudio calculaba que los veranos son hoy 18 días más largos que en 1950. No quiero ser catastrofista, oyente, pero veo estos datos y no puedo evitar preguntarme qué será de nosotros dentro de unos años.
Vamos ahora con las olas de calor. Como te decía, en la península hubo dos grandes olas y la de agosto ya ha pasado la historia. ¿Por qué? Porque fue la más intensa desde que hay registros.
Los termómetros subieron de media 4,6 grados centígrados por encima de lo normal y hubo puntos de España donde se alcanzaron los 45 grados. Fue, además, la cuarta más larga y una de las más extensas porque afectó a casi todo el país.
Y el calor apenas dio tregua. Fueron muy pocos los días que se pudieron considerar frescos y la inmensa mayoría del verano estuvo por encima de lo normal, con las temperaturas más extremas a mediados de agosto. Pero esto no se queda solo en pasar calor, no. La consecuencia más directa y más dura es que hubo muertos.
Según el Ministerio de Sanidad, el verano pasado hubo 25 muertos por golpe de calor. Y si miramos el conjunto, entre el 16 de mayo y el 30 de septiembre de 2025 se estimaron 3.832 fallecimientos relacionados con el exceso de temperatura.
La inmensa mayoría de esas víctimas fueron personas mayores, que son, con diferencia, las que más sufren el calor. Ahora bien, hay un dato positivo dentro de todo esto. Aunque 2025 fue el verano más caluroso, esas muertes atribuibles al calor fueron alrededor de un 21% menos que en 2022, el siguiente año más caluroso. Es decir, que las medidas de prevención y los sistemas de aviso parecen estar ayudando.
Queda muchísimo por mejorar, pero no nos quedemos solo con la parte mala. ¿Y qué más trae este calor extremo? Pues nos lleva a otro desastre que asola nuestros veranos, los incendios.
Ahora veremos los datos del año pasado, pero los de este verano no son nada lagueños. Al contrario, son muy preocupantes. España es el país de la Unión Europea con más superficie arrasada por el fuego en lo que va de año.
En el día que preparamos este episodio ya se sumaban 72.000 hectáreas, muy por delante de países como Francia o Portugal. De hecho, mientras preparo este episodio, hay varios incendios activos, y el de los gallardos en Almería quemó hace unos días 7.000 hectáreas y se cobró la vida de 13 personas. Un recordatorio durísimo de que no estamos hablando solo de números y estadísticas, sino de vidas.
Vidas de personas y también vidas de miles de animales que mueren por los incendios. El año pasado ardieron más de 400.000 hectáreas, la peor oleada de incendios del siglo. ¿Te haces una idea de lo que es eso?
Hazme un favor, busca en un mapa las Islas Baleares. ¿Las tienes? Pues es como si se hubieran quemado Mallorca, Ibiza y Formentera enteras. ¿Y por qué hubo tantos incendios?
Por varios motivos, pero la combinación fatal fue el calor extremo unido a una gran falta de lluvias. En verano siempre llueve poco, pero el año pasado en España fue especialmente seco. Por ejemplo, en el oeste del país pasaron tres meses seguidos sin caer una sola gota de agua.
Y de esa mezcla nació un fenómeno que se conoce como sequías flash. ¿Y qué son exactamente las sequías flash? Dicho de forma sencilla, son sequías que aparecen en muy pocos días porque las plantas pierden el agua a toda velocidad.
Te pongo un ejemplo para que lo veamos claro. Cuando tiendes la ropa un día de mucho calor, se seca enseguida porque el calor acelera la evaporación del agua. Pues con las plantas pasa algo parecido. Los expertos lo llaman evapotranspiración.
Las plantas, por decirlo así, sudan, es decir, sueltan agua por las hojas y y a la vez se evapora el agua que hay en la tierra. Y cuando aprieta el calor, todo ese proceso se acelera. El agua sale mucho más deprisa de las hojas, igual que la ropa mojada se seca antes un día de sol.
El resultado es que la planta se queda sin agua rapidísimo y tiene que sacar más y más del suelo a través de sus raíces para no secarse. Así, en cuestión de días, el suelo y la vegetación se quedan resecos. La consecuencia, que queda un montón de vegetación seca lista para arder, el combustible perfecto para que el fuego se lleve todo por delante.
Y ahora pasamos a otro fenómeno del verano, que puede parecer contradictorio, pero ya verás que tiene sentido. Las lluvias torrenciales. En unos sitios llueve muy poco, pero en otros hay lluvias repentinas y muy fuertes.
Aquí entra en juego nuestro mar mediterráneo. Con el calentamiento, el mediterráneo funciona como una olla a presión. Cuanto más caliente está el agua, más se evapora. Y esa humedad es justo el combustible que alimenta las tormentas.
Así que se gestan tormentas cada vez más fuertes y descargas de lluvia mucho más violentas. El año pasado el mar sufrió su propia ola de calor. En agosto el agua llegó a alcanzar los 31 grados centígrados en algunas zonas.
Con esas temperaturas, el Mediterráneo se está volviendo casi tropical. Y eso trae consecuencias muy propias de los mares tropicales, como las tormentas intensas y las lluvias torrenciales.
Para que te hagas una idea, algunas de esas lluvias descargaron hasta 356 litros por metro cuadrado en muy poco tiempo. Es como si te echaran encima el agua de dos bañeras llenas con cada paso que dieras.
Déjame terminar con algo que leí preparando este episodio y que me dejó pensando, aunque entiendo que en el fondo es un mecanismo necesario para sobrevivir. Se llama amnesia climática y consiste en que nos vamos acostumbrando a las nuevas condiciones del clima.
Mira cómo lo explica un experto. Reseteamos el cerebro meteorológico cada 5 años aproximadamente. O sea que normalizamos lo extremo. Lo que hoy nos asusta, mañana nos parecerá normal.
Y este experto lo explica con una frase estupenda. «Se nos olvida rápido el calor, pero tenemos un recordatorio mensual de que hay que pagar el alquiler».
Pero todo esto realmente sí que es un tema que nos preocupa. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas, la gran mayoría de los españoles se declara muy o bastante preocupada por los incendios. Pero, al mismo tiempo, nuestra cabeza se ocupa de otras cosas que le parecen más urgentes. Lo explica muy bien el experto.
A la gente le preocupa el cambio climático, pero no tenemos ni espacio mental ni capacidad de atención para afrontarlo, sobre todo por ser un problema complejísimo, multifactorial y sin una solución única.
En definitiva, unos desastres climáticos que han venido para quedarse. Y aunque no quiero ser pesimista, según un experto, el daño ya está hecho y nos tenemos que habituar a la nueva realidad. Él lo explica así. 2025 ha sido el último clavo en el ataúd de la normalidad climática.
Una certificación muy dolorosa en el primer cuarto de este siglo de que hemos enterrado el clima en el que hemos vivido los humanos durante los últimos 10.000 años.
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Nos vemos en el episodio de mañana. Pasa un buen día. Hasta mañana.