2324. Lo que odian los camareros, con Paco
Vocabulary
- SER CAMARERO To work as a waiter or waitress.
- CLIENTE Customer.
- MESA Table.
- BAR Bar.
- SUDA To sweat.
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Hoy hablamos episodio 2324. Lo que odian los camareros, con Paco. Bienvenido a Hablamos, el podcast diario para aprender español. Como siempre, hoy publicamos un episodio en abierto y otro episodio exclusivo para los suscriptores Premium.
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Ahora, en este episodio, Paco y yo hablamos de algunas cosas que no les gustan a los camareros. Vamos con el episodio. Hola, Paco. ¿Qué tal? Buenos días, Roy.
Buenos días, queridos oyentes. Pues hoy me pillas bastante relajado, Roy. Hoy estoy muy relajado. Estamos en pleno verano y tenemos un tema con el que incluso nos vamos a relajar más.
Es que es lo que pide el verano, ¿no, Paco? Relajación, tranquilidad. Hoy no vamos a hablar de física cuántica. Eso ya lo hablamos la semana que viene, ¿no?
La física cuántica. Exacto. La semana que viene nos convertimos en físicos, aunque sea por unos minutos. Hoy hablamos de algo de lo que también somos expertos, más que física cuántica.
Siempre digo física cuántica porque ni siquiera sé definir lo que es la física cuántica. ¿Qué es eso? No lo sé. No sé ni qué es la física ni la cuántica.
Así que ni la una ni la otra. Bueno, venga. Hoy hablamos de un tema que conozco mejor, Paco. Porque hoy hablamos de algo que es muy veraniego, muy del verano, muy de las vacaciones.
Hablamos de los lugares más visitados de España, Paco. Oh, qué bien. Tenemos un episodio turístico, así, para hablar de monumentos, de lugares... Vamos a dar algunas ideas para que los estudiantes, nuestros oyentes, vayan en verano a España, ¿o qué? A ver, Paco, vamos a hablar de los lugares más visitados de España.
¿De qué piensas que vamos a hablar? La Sagrada Familia, la Alhambra de Granada... No, no, no, no. Paco, los lugares más visitados de España. Los bares, los restaurantes.
Que de alguna manera también son monumentos, también son lugares maravillosos. Sí, a ver, tú a un español, esto suena duro, ¿eh? Pero tú a un español le dices, cerramos todos los bares o cerramos todos los monumentos, ¿tú qué crees que dice...?
Mejor no respondamos a esta pregunta. Eso es. No me pongas en aprietos. Vamos a estar relajados en este episodio. Bueno, pues ya otro día hablamos de los lugares más visitados de España en cuanto a cultura y monumentos.
Pero hoy hablamos de los camareros, Paco. Porque algo que tú y yo estábamos comentando antes de grabar este episodio es que, bueno, verano y camareros es algo que va muy de la mano porque en verano vamos mucho a los bares, a los restaurantes, hacemos mucha vida social fuera de casa... También el resto del año hay que ser realistas, pero en verano mucho más. Y entonces los pobres camareros tienen un montón de trabajo.
Son los meses con más trabajo, más agobiados, que también está bien porque así pueden tener trabajo. Pero, por otro lado, es una profesión a la que se le exige mucho en verano. Sí, es una profesión muy exigente porque, bueno, no solo por la paciencia que tienen que tener con los clientes... Con el calor que hace, también incluso con la forma de vestir, con su uniforme, que tienen que ir con camisa, una camisa apretada, con pantalones negros.
Pasan calor, sufren, son los grandes héroes del verano. Ellos y los bomberos, entonces los bomberos y los camareros serían los héroes del verano. Y los socorristas también, ¿no? También, que no se me olvide.
Paco, que tú eras socorrista, acuérdate. Pero bueno, socorristas, estáis ahí, tranquilos, sentados en la hamaca. No estáis tan mal, ¿no? Sí, sentados en la hamaca sí, pero tranquilos no tanto, que no quieres que se muera nadie en tu guardia.
Claro, muy atentos, sí señor. Bueno, pues sí, hoy hablamos de los camareros. Ya otro día podemos hablar de los bomberos que apagan los incendios en verano, los socorristas que, aunque a veces nos podemos reír de ellos, en realidad sí que hacen un trabajo muy importante. Y un buen socorrista está muy atento, no es una broma.
¿Atento a qué? Al móvil, viendo Instagram, TikTok. A las chicas o a los chicos que pasan. Claro. Sí, sí. Bueno, bueno, bueno. Venga, pues Paco, hoy hemos decidido hablar de lo que odian los camareros de los clientes.
No de todos, obviamente, ¿no? Pero esas actitudes, esos detalles que los camareros ven y dicen, no me gusta esto. Sí, es que tengo dos primos, un primo y una prima, que son camareros y algunas veces me cuentan historias, se quejan, principalmente se quejan de sus clientes, de que llegan justamente antes de que cierre el bar o el restaurante o de que son muy exigentes. Entonces, aquí tenemos bastantes temas que comentar hoy.
Venga, pues vamos a hablar de esas actitudes que pueden tener algunos clientes, que podemos tener nosotros como clientes cuando vamos a un restaurante, cuando vamos a un bar y que pueden ser un poco molestas para los camareros. Entonces, Paco, vamos a empezar por ese momento en el que todavía no has hablado con el camarero porque acabas de llegar al restaurante o a la cafetería
Y ya has hecho algo que quizá no le ha encantado al camarero. Sí, porque has visto una mesa, una mesa libre, con buenas vistas, una mesa en un buen lugar, y has decidido sentarte ahí, a pesar de que la mesa todavía estaba sucia.
Y había otras mesas que ya estaban limpias, pero... Has elegido la sucia. Claro, al camarero quizá no le va a encantar porque ahora tiene que prepararte la mesa también y ya tenía otras preparadas. Pero bueno, aquí voy a romper una lanza a favor del cliente.
Porque si yo voy a un bar y hay una mesa que pues tiene unas vistas más bonitas o está ahí un poquito al sol y es el sitio donde quiero estar, yo me voy a sentar, aunque la mesa no esté preparada, Paco.
Tú eres uno de estos tocapelotas que vamos a criticar hoy. Te podemos meter aquí, en el grupo. Puede ser, venga. Otra cosa que yo a veces también hago, en alguna ocasión.
Cambiarse de mesa sin preguntar. A ver, yo si veo que el camarero está por ahí, sí que le pregunto. Pero si no, a ver, si justo coincide que hay una mesa que está, no sé, en un sitio con más sombra, en un sitio más fresquito, si hablamos de verano, si puedo cambiarme y es una mesa mejor, lo voy a intentar, sí. Claro, es que si hay una mesa que tiene al lado un ventilador o el aire acondicionado, pues por supuesto que vas a estar cerquita, ya que hace mucho calor, es verano y no quieres estar sudando ahí.
Pero por supuesto, como bien has dicho, lo más agradable y educado es preguntarle al camarero si te puedes cambiar. Y por lo general, a no ser que el camarero tenga un mal día, no le va a importar que te cambies de mesa. No, no le importa. Pero sí que es bueno avisar porque, claro, ellos muchas veces anotan lo que tú has pedido en base al número de mesa y si luego cambias de mesa pueden confundirse con la comanda, con lo que tú has pedido.
Entonces, si avisas, ya está. Venga, vamos con otra... Otra cosa que también, esa sí que puede molestar un poquito, y es cuando tú vas por la noche a un bar y tú ves que el bar pues tiene la persiana medio bajada, están como recogiendo algunas mesas, algunas sillas, pero bueno, tú no tienes claro si el bar está cerrado o no. Quizá todavía van a estar abiertos un ratito más, ¿no?
Entonces le preguntas al camarero, oye, ¿estáis abiertos? Sí, y eso no es muy amable o muy educado porque ya estás viendo cómo el camarero está recogiendo las mesas, recogiendo las sillas, con la persiana medio bajada, como has dicho. Entonces es bastante obvio, es bastante obvio que el bar ya está cerrado o está cerrando. Y si el bar está cerrando, pues significa que no puedes entrar.
Pero bueno, no es lo mismo, ¿no? Estar cerrado que estar cerrando, Paco. Entonces... ¡Buen punto! Claro, yo pregunto, ¿está cerrado? Y el camarero dice, sí, sí, ya estamos cerrados.
Bueno, estáis cerrando, aún no estáis cerrados, ¿eh? Quizá hay tiempo para una cervecita, 15 minutos. Bueno... Y tú le vas a decir al camarero que te tomas la cervecita rápidamente, en 10 minutos... Pero no, no, ya el camarero está recogiéndolo todo.
No quiere esperarte. Y el camarero ya se conoce esa historia, ¿no? De no, no, si solo nos tomamos una cerveza en 10 minutos ya nos vamos. Ya se conoce esa historia.
Cada vez que le dicen eso, está ahí el cliente 30 minutos más y al final el camarero tarda más tiempo en cerrar el bar y llega más tarde a su casa y le has fastidiado la noche a ese pobre hombre o a esa pobre mujer.
Entonces no te van a dejar tomarte una cervecita si van a cerrar ya o están cerrando. Exactamente. Y creo que también conectado con esto Roy a los camareros les saca de quicio que los clientes se sienten poco antes de que cierren. Es decir, imagínate el bar o el restaurante.
Entonces el establecimiento está abierto, pero quedan como 25 minutos, 20 minutos antes de que cierren y tú vas ahí y te sientas. Porque claro, puedes sentarte ya que el establecimiento está abierto, pero ya eso no suele gustarles, ¿no? Porque como decimos, por lo general, quien se sienta en un bar o un restaurante no se va a sentar ahí solo para 10, 15, 20 minutos, sino que va a ser mínimo media hora, ¿no? Sí.
A ver, obviamente depende mucho del establecimiento, de cuál sea su procedimiento habitual, ¿no? De cómo trabajen habitualmente. Si están habituados a tener mucha gente que llega y se va y que consume muy rápido, no les importará. Pero bueno, hay algunos casos en los que sí que es un poco evidente, ¿no?
A ver, a lo mejor te atienden, pero no te van a mirar muy bien. Porque claro, es que están ya a punto de cerrar. Y tú dices, no, no, si en cinco minutos acabo. Pero luego no es así.
Y luego estás ahí intentando, aguantando mientras ellos recogen las mesas y limpian. Y tú sigues ahí sentado arañando el último minuto. Y notas esa tensión. Esa tensión está ahí presente en el aire porque vas a ver que el camarero va a estar cerca de ti mirando el reloj
Con una cara tensa, entonces va a ser una forma de decirte que te des prisa, que comas rápidamente porque ya queda poco. Sí, y de hecho en los restaurantes ya es peor, ¿no? Porque en un bar, bueno, te pides algo para beber y si tienes que irte, pues te vas y no pasa nada, ¿no? Te bebes esa bebida un poco más rápido y listo.
Pero claro, cuando lo haces en un restaurante, ya en muchos sitios, si queda muy poquito tiempo para que cierren, ya te dicen que no, que lo siento, pero no te podemos atender. Claro, en otros momentos sí que es más complicado. Quedan media hora, podríamos atenderte, pero quizás se retrasa un poco la cocina. Al final va a hacer que los camareros y los cocineros acaben un poquito más tarde su turno.
Y no es justo. Sí, Roy, la vida es injusta, ¿eh? La vida es dura. Es lo complicado de este trabajo, que tienes que ser amable con la gente, pero no puedes ser demasiado amable, ¿no?
Porque si eres demasiado amable con los clientes y aceptas todo lo que quieren, al final te fastidas demasiado, ¿no? Pero tampoco puedes decirles que no todo el tiempo o ser desagradable porque entonces no vuelven porque se indignan.
Sí, creo que los camareros tienen que encontrar ese equilibrio entre ser educados o parecer educados y no matar a los clientes. Tienen que estar ahí, buscar el equilibrio para no estar ni en un extremo ni en el otro. El equilibrio es difícil. Yo creo que son budistas todos los camareros.
Siguen algún tipo de religión o creencia que les ayude a encontrar el equilibrio. Porque es complicado. Bueno, Roy, pues algunos camareros sí tienen muchísima paciencia o tienen que tener muchísima paciencia porque hay clientes que se dirigen a ellos de una manera no tan educada, ya sea porque están borrachos, ya sea porque son mal educados.
Y eso les fastidia mucho, evidentemente, a los camareros, que los clientes no les hablen de una buena manera. Sí, el clásico cuando le hacen un sonidito así que parece que llamas a un perro. Oye, soy una persona, soy un ser humano.
Y es que, Roy, los camareros están acostumbrados a que no los llamen por su nombre, claro, a no ser que... que el camarero tenga en la camisa su nombre. Entonces están acostumbrados a escuchar cosas como chico, chica, jefe. Y bueno, pues hay otras maneras de llamarle la atención al camarero.
Sí, al final decir algo como disculpa, perdona, pues es lo más educado y es lo que más agradecen. A ver, que tampoco es una falta de educación enorme decirle chico al camarero o chica, pero bueno. Si le dices perdona o disculpa, está mejor, ¿no? Y también las veces que lo llamas, ¿no?
Hay algunas personas que están ahí desesperadas. Jefe, jefe, por favor, oye, que tengo 15 mesas más, ya te he visto y ya te voy a atender, pero dame 3 minutos.
Creo que los camareros, por supuesto, siempre aprecian a los clientes más amables. Entonces, si ven que hay algún cliente desagradable, pues van a dejarlo para el último. Van a hacerle esperar. Sí, seguramente, seguramente.
Venga, pues seguimos con más cosas, Paco. Otra cosa que yo creo que no les gusta mucho a los camareros es cuando eres demasiado crítico y esas críticas destructivas. Porque, oye, si te han cocinado algo que no está bien cocinado, te llega una carne y está claramente quemada, le puedes decir, oye, mira, que esta carne está muy quemada, ¿no?
Es decir, hay que echarle crema solar cuando la cocines. Porque, chico, parece que ha estado toda la tarde al sol, desde la mañana hasta la noche, sin crema solar, la carne, de lo quemada que está.
Claro, por supuesto que en ocasiones los clientes se van a quejar con razón. Pero mira lo que me pasó a mí el año pasado. Que me quejé porque le dije al camarero que la sopa que me había pedido estaba demasiado fría.
Pero más tarde me di cuenta de que me había pedido un gazpacho, un plato de gazpacho, y ya sabes que el gazpacho es una sopa fría. Entonces los clientes nos podemos quejar sin razón. Clásico chiste, Paco. Clásico chiste de la sopa fría, pero era un gazpacho.
Pero lo que yo quería decirte, que creo que no lo dije al final, es que tú seas un poco crítico en el sentido de que te han hecho algo mal y lo comentas. Oye, esto está mal. De forma educada, yo creo que está bien. Los camareros incluso lo pueden agradecer, ¿no?
Porque eso también es una oportunidad de aprendizaje, una oportunidad de mejora para el establecimiento. Pero claro, hay gente que es muy desagradable. Hay gente que a lo mejor le preparan algo y no está muy bueno y lo dicen de muy mala manera. Son muy desagradables.
Yo recuerdo una vez en un restaurante estábamos comiendo con unas personas que conocimos. No teníamos mucha confianza, pero no eran amigos, ¿vale? Porque yo después de ver eso dije, este tío no va a ser mi amigo.
Y a un chico que había allí le pusieron una carne, era una ternera o algo así, y dijo que estaba malísima. Y entonces llamó al camarero y le dijo, esta ternera parece que lleva un mes en el congelador, es una mierda, llévatela.
Muy desagradable, ¿sabes? Podrías haber dicho que la ternera está mal, pero de forma más educada y sin pensar que eres el príncipe del país o el rey del país. No eres el rey, ¿eh? Relájate, no eres tan importante.
Ya sabes, Roy, hay un refrán que dice que el cliente siempre tiene la razón. Bueno, no estoy de acuerdo con eso porque el cliente tiene la razón si realmente la tiene, pero no simplemente por ser el cliente. Entonces tendrías que haber probado la carne de tu amigo o de tu conocido. A lo mejor estaba quejándose simplemente por vicio.
Habría que probarla porque quizá no estaba tan mala y era que, bueno, para su gusto no le gustaba. Porque a veces a ti no te gusta algo, pero no significa que esté malo, sino que la forma de prepararlo no te convence. Y luego lo exigente que seas, ¿no? Yo, por ejemplo, no soy muy exigente.
Entonces, seguro que si me hubieran puesto a mí esa ternera, vale, quizá no hubiera estado maravillosa, pero yo la hubiera probado, Paco, y hubiera dicho... Bueno, está un poco dura, pero se come bien.
Tiene algo de moho, pero bueno, el moho también es algo natural. Me lo voy a comer. Claro, es como esos quesos, ¿no? Que son muy famosos. También tiene moho, ¿no?
Sí, bueno, no es el mismo hongo, ok. No hay que ser tan delicado con la comida, que pensamos que porque estemos en un restaurante y paguemos ya vamos a ser los reyes. Claro, claro. Venga, Paco, pues más cosas.
¿Qué opinas de esta cosa? Yo creo que a los camareros también les puede molestar un poco cuando tardas mucho en pedir. No digo que sea algo terrible, ¿vale? No te van a odiar, pero yo creo que en España la sensación que tengo después de haber viajado a diferentes países es que en España los camareros tienen que atender a muchas más mesas y a muchos más clientes que en otros países.
Porque yo en otros países sí que, pues, yo vi en restaurantes o en bares que había, o la sensación que me dio, es que había más camareros que lo habitual en España. Es como que en España exprimimos más a los camareros, les exigimos más, ¿no? Como tú tienes que atender a 20 mesas, pero en otro país tendrían dos camareros para 20 mesas. Imagínate.
Esto todo lo digo yo de vista, por mi observación. No sé si es así o no, pero yo es la sensación que tengo. Pues te voy a decir una cosa, Roy. Como te he comentado antes, tengo primos que son camareros y siempre me comentan que los camareros en España o en los lugares turísticos están no solo exprimidos, como tú has dicho, sino que están explotados porque van a tener que ocuparse de muchísimas mesas, van a trabajar muchas horas...
Entonces muchos clientes y poco personal. Entonces por lo general van a ir corriendo de un lado a otro, van a estar muy apurados. Así que no les gusta tanto dar tantas explicaciones sobre los platos porque tienen mucho trabajo. Y hay otros clientes que están esperando o platos que están esperando en la cocina.
Así que van siempre corriendo de un lado a otro. Creo que después de un día es como si hubieran corrido una maratón. Seguramente, habría que calcularlo. Entonces yo creo que sí que les puede molestar un poquito, que no va a ser algo tampoco terrible, pero sí les va a molestar un poquito si tardas mucho en pedir, ¿no?
También depende del momento. Si tú vas a un momento en el que no hay muchos clientes, en ese bar o en ese restaurante, sí que el camarero no va a tener problema y va a estar un rato contigo sin problema.
Pero claro, si es hora punta y está todo petado... El camarero quiere tardar menos de un minuto en anotar tu pedido, porque si no, es que no le da tiempo atender el resto de mesas y se le descontrola todo el bar o todo el restaurante. Claro, y está muy bien que seas una persona curiosa, está muy bien que quieras preguntarle sobre el origen de la lechuga, pero oye... Puedes quedarte con la duda.
No tienes por qué preguntarle de dónde viene la lechuga y de dónde viene el tomate. Eso lo puedes buscar por internet. Entonces, bueno, oyentes, cuando vengáis a España y penséis, aquí el servicio no es muy bueno, ¿no? Porque sí que en otros países los camareros como que están más cerca de ti, ¿no?
Te vienen a preguntar si quieres algo más. Como que parece que es un servicio más personalizado o más cercano. El servicio en España no es que sea malo, sino que es más rápido, más... Tienes que llamar tú al camarero, no viene él... Bueno, es diferente.
También, claro, luego mira los precios, ¿no? Si tú pagas 1,60€ por un café, joder, son precios, en mi opinión, muy baratos. Yo pocos países he visto en Europa que puedas pagar tan poco por la restauración. Entonces es normal que los pobres camareros cobren poco y tengan que atender a tantos clientes al mismo tiempo.
Con esos precios no se puede hacer mejor. Pues desde aquí hacemos un llamamiento, Roy, a los hosteleros de España para que suban precios. Me río porque la gente que se queja de los bajos sueldos de los camareros, esa es la solución, ¿no? Pero al mismo tiempo queremos bajos precios.
Entonces los dos mundos no pueden coexistir. Bien, Roy, pues añadimos también algo más que les suele molestar a los camareros. Y es que no les gusta que los clientes pidan poco a poco en lugar de pedir todo de golpe. Y es normal.
O sea, a mí me da rabia porque en alguna ocasión me puede pasar, ¿no? A todos nos puede pasar que pides algo y luego piensas, ay, también quería, pues, una tapa, ¿no? Y no se la pedí. Entonces, cuando viene a servirte la bebida, le dices, ay, por favor, quiero un pincho de tortilla.
No es el fin del mundo, pero sí que es mejor pedirlo todo de golpe, al mismo tiempo. Claro, luego hay gente que es como experta en hacer esto. No sé por qué. Quizás son más despistados o son muy volátiles.
No sé cómo decirlo. Pero piden una cerveza. Luego llega la cerveza. Ah, y tráeme un pincho de tortilla. Tráeme el pincho de tortilla. Ah, y tráeme un vaso de agua.
Y claro, el camarero ya solo quiere matar a esa persona. Sí, sí, Roy. Me imagino que a los camareros en ocasiones les salen esos instintos asesinos, así que tienen que tener mucho control. Sí, sí, sí.
Venga, otra cosa, Paco. El cliente que es demasiado delicado o exigente a la hora de pedir algo, sobre todo comida, entonces dice, quiero esto, pero sin esta cosa, házmelo de esta forma concreta.
Obviamente tú pides una, no sé, una hamburguesa y la puedes pedir sin cebolla. Esto es lo más normal del mundo. Pero a veces hay algunos clientes que es como que quieren personalizar demasiado su comida o lo que van a pedir, ¿no?
Pero bueno, ponmela sin jamón y sin queso y sin masa de pizza también. Sorpréndeme. A ver, me pides una pizza de jamón y queso, sin jamón, sin queso, sin masa de pizza, pero ¿qué quieres? No, es que yo quiero huevos fritos.
A ver, obviamente estoy exagerando, pero sí que a veces, pues cuando piden que personalicen demasiado un plato, sí que es un poco rollo, ¿no? Porque tienen que pedirlo en cocina, quizá el precio no está adecuado para esa personalización. Esta es la carta, hombre. Pide algo de la carta y no te compliques.
Y si no quieres queso, dices sin queso, ok. Pero cuando quieres que te lo hagan de mil formas distintas y en lugar de patatas, arroz y tal, ya le complicas un poco el trabajo al pobre camarero. Sí, y por supuesto, si tienes alguna intolerancia o alguna alergia, eso ya es otro tema. Estamos hablando de otra cosa.
Pero no sé, quieres un café, quieres pedirte un café, un café con leche, pero lo quieres con leche de avena. Bien, pero no lo quieres en taza, sino que lo quieres en un vaso de cristal y con sacarina y a esta temperatura exacta. Y bueno, ya está. Descansa, hombre, tranquilo.
A ver, que si tú quieres el café así, yo lo entiendo. Si a mí me gustas el café de esa forma, pues yo lo pediría. Es obvio que no eres el cliente al que más van a amar del restaurante porque generas un poquito más de trabajo, pero tampoco pasa nada, ¿no?
A mí me gusta pedirlo en vaso también, Paco, entonces me veo un poco representado. Leche de avena no, porque tomo leche normal, pero sí que me gusta pedirlo en vaso de cristal, estas cositas, ¿no? Con sacarina... No, no, no, sin sacarina, pero bueno, todos podemos ser un poco así en algunos momentos, ¿no?
Claro que sí. No significa ahora que te tengas que sentar en el bar o en el restaurante y no decir nada, no decir ni una palabra y pedir cosas generales para no molestar. Puedes pedir cosas, que también es la idea. Estás en un negocio y tienes que pedir cosas.
Claro, yo creo que la clave es no cumplir demasiados puntos de lo que hoy estamos hablando. Oye, si cumples uno o dos, pues no pasa nada porque nadie es el cliente perfecto, el cliente maravilloso. Pero claro, si cumples cinco o seis puntos, no eres el mejor cliente del bar o del restaurante. Eso está claro.
Está claro, por supuesto. ¿Y qué te parecen estos clientes que piden recomendaciones? Pues es normal, van a un restaurante nuevo, piden algunas recomendaciones y luego eligen otra cosa.
Sí, ¿no? ¿Qué me recomienda? Pues el solomillo está muy bueno. Vale, pues póngame salmón. A ver, ¿para qué preguntas? A ver, esto es un poco más raro, ¿no?
Nos lo estamos inventando un poco. No sé cuánta gente hace esto, pero seguro que hay alguien por ahí. Y si pides recomendaciones, pues simplemente quieres escuchar otras opciones, pero no significa que tengas que quedarte con esas recomendaciones.
Pero es gracioso esto porque vas a un restaurante especializado en carne, empiezan a hablarte de las carnes que tienen y tú acabas diciendo que quiero una tortilla de patatas. Que la carne no me gusta tanto. Pero a ver, señor, que está usted en un asador. ¿Qué se esperaba?
Pero bueno, a ver, esto creo que no es para tanto. De hecho, lo que tú has dicho, tú puedes pedir recomendaciones y luego resulta que las recomendaciones que te dan no son cosas que a ti te gusten mucho. Pero bueno, un detalle así curioso. Venga, Paco, otra cosa que yo creo que sí que molesta bastante a los camareros...
Y es esos clientes muy pesados. Sobre todo, yo creo que son algunos clientes que quizá van con cierta frecuencia al bar y tienen demasiada confianza y son muy pesados. Porque, oye, sí que está bien que tú seas un buen cliente y que vayas todos los días y tienes cierta confianza y conoces a la gente. Pero ya sabes cómo dicen, ¿no?
Ese refrán. La confianza da asco. Bueno, no es un refrán muy antiguo. No decía Cervantes. Es un refrán más moderno. Pero sí que es cierto que a veces esos clientes que tienen mucha confianza no van a ser los mejores.
Obviamente hay de todo. Seguramente son excepciones porque también está guay tener clientes recurrentes que vienen todos los días y que los conoces y tienes una buena relación. Pero yo sí que a veces veo algunos clientes que son los habituales de todos los días y que son un poco pesados. Y veo las caras de los camareros que sí, los atienden bien porque son buenos clientes, pero por dentro están pensando, qué pesado es este tío.
Y claro, por supuesto, son clientes VIP, clientes que van ahí cada día, que se conocen. Incluso hay una relación personal, una relación de amistad entre el camarero y el cliente. Pero, como dices, algunas veces demasiada confianza no va a ser buena. Sí, a ver, son clientes VIP, pero te tomas un café cada día en mi bar, te lo agradezco, pero el café cuesta un euro sesenta.
No me estás haciendo rico tampoco, ¿eh? O sea... Sería cliente VIP, low cost. Claro, no. Es que me compra un Ferrari cada semana. Ok, es un cliente VIP, cuídalo.
Pero me compra un café cada día. Es un buen cliente porque viene todos los días, pero tampoco te voy a poner una alfombra roja. Vale, Roy, pero un cliente que cada día se gaste 1,60€ en un café...
Al cabo del año tienes ahí una buena cantidad, ¿eh? Sí, si en realidad, si lo analizas en su contexto, al final son un euro sesenta al día, cuarenta y pico euros al mes. Oye, con cien clientes así haces que el bar funcione. Entonces, aunque me río, en realidad también hay que tratarlos bien porque son los que te sostienen el negocio.
Bueno, hay que tratar bien a los clientes porque hay que tratar bien a todo el mundo, ¿eh? No solo porque compren un café cada día. Bueno, pero los que te compran, Paco, hay que tratarlos mejor. Claro que hay que tratar bien a todo el mundo, por supuesto.
El mínimo de humanidad es necesario. Pero bueno, si tú tienes un cliente que va ahí todos los días y que te deja un dinero, pues le pones dos aceitunas más.
Venga, Paco, seguimos con más cosas. Los niños... Tú me comentabas que tu primo te decía que a veces le molestaban un poco los niños que estaban corriendo por ahí, que los padres no los vigilaban, porque para el camarero, un niño que está corriendo por el bar es un riesgo, es un peligro, ¿no? Es como...
Tiene que estar atento el camarero, va con su bandeja llena de bebidas y los niños van corriendo de un lado a otro y, claro, el camarero se siente como en el desembarco de Normandía. Jejeje.
Un campo de batalla. Claro, es que algunos padres pueden pensar que los bares y restaurantes son como una guardería o un parque de atracciones, Disneyland, pero no, no. Si no hay un rincón para que los niños jueguen, pues estaría bien que los niños estuvieran sentados en la mesa y que no estuvieran correteando por ahí y molestando a los camareros. Pero oye, al mismo tiempo tampoco queremos que los niños sean unos robots.
Queremos que se muevan, que sean niños, que no sean ahí unos árboles sentados todo el tiempo. Bueno, pues hay que buscar un equilibrio, que los niños jueguen un poco, pero si molestan mucho, los padres tienen que controlarlos. Paco, nos quedamos con esa idea.
Eso es Roy, ni un extremo ni el otro. Que puedan moverse quizás un poquito, que no estén encadenados a la mesa o a la silla, pero que tampoco molesten demasiado. Estamos de acuerdo.
Venga, pues vamos con la última, Paco. Dividir la cuenta. Este es otro tema que, bueno, a algunos camareros les puede molestar más que a otros, pero sí que es cierto que cuando, yo qué sé, sois una mesa de cinco, de seis personas y luego cada uno quiere pagar lo suyo,
Es un poco rollo para el camarero porque, claro, pierde mucho tiempo. Yo tomé una Coca-Cola y una hamburguesa 52. Yo una cerveza y el bocadillo 31. Y, claro, tiene que cobrar a cada persona, darle el cambio a cada persona o, bueno, pasar la tarjeta para cada persona.
Pierde mucho tiempo. Entonces yo creo que esta es otra cosa que también odian un poco los camareros, ¿no, Paco? ¿Cómo has dicho rollo? Es un poco rollo para ellos porque también luego tienen que esperar ya que uno dice que ha pedido esto, el otro amigo dice que ha pedido también otra bebida más, que no se olvide.
Entonces al final los amigos empiezan a discutir o a hablar de lo que se ha tomado cada uno. Entonces el camarero va a pasar ahí unos minutos. Claro, y hoy en día con las herramientas que tenemos para simplificar esto, que pague uno, pides el ticket, pides la factura con todo lo que se consumió y luego ya entre los amigos hacéis cuentas, ¿no? Uno paga y el resto hacen un Bizum, o sea, envían el dinero de forma electrónica a ese amigo.
En España decimos hacer un Bizum porque Bizum es una aplicación de enviar dinero que se usa mucho en España, que la usa todo el mundo prácticamente. Lo que pasa con esto es que ya sabes, Roy, luego siempre existe ese aprovechado que intenta escaquearse, intenta escaparse la responsabilidad y como que se va a olvidar de enviarle ese dinero al amigo, de hacerle el bitum. Sí, sí, el típico que nunca paga él, ¿no? Imagínate que eres un grupo de amigos y, oye, paga uno y luego repartís el dinero.
Cada uno luego ya envía a esa persona que pagó. Pero siempre hay uno que dice, ay, perdona, que me había olvidado, ¿no? Que tienes que recordárselo. Oye, fulanito, mira, que no me pagaste los 6 euros de lo que comimos ayer o de lo que bebimos ayer.
Ay, perdona, que se me había olvidado. Claro, yo a ti te conozco, tú eres el típico que, bueno, dices, a ver si no se acuerda y así me lo ahorro. Qué mala gente, ¿eh? Y es interesante porque ese amigo solo se olvida cuando tiene que pagar él.
Pero cuando los otros le tienen que pagar, ahí ya no. Ahí ya no se olvida. Ahí ya no. Él lo anota en la aplicación de notas del móvil. Tiene un Excel.
Bueno, o sea, tiene muchas formas de no olvidarse. Tú le debes, no sé, 30 céntimos y se acuerda. Cada día te lo recuerda. Entonces, bueno, esos amigos hay que tener cuidado con ellos.
Sí. Bueno sí pero desde luego que ese ya es el problema de los clientes aquí hoy nos centramos en los problemas los muchos problemas que tienen los camareros y este es uno de ellos. Bueno, pues con lo que hemos visto hoy, Paco, yo creo que si en el futuro tenemos que buscar otro trabajo...
No sé, creo que no vamos a trabajar de camareros, ¿eh? Hemos visto muchas cosas malas hoy. No sé si te conté una cosa, Roy. Creo que sí. Y es que hace 12 años más o menos trabajé de camarero.
Me contaste, me contaste. Te lo he contado como 50 veces más o menos. Pero trabajé como camarero durante tres días. Uf, duraste poco, ¿eh, Paco? Duré poco porque rápidamente me di cuenta de que no era para mí y además no podía continuar porque estaba estudiando y diferentes cosas, pero no es un trabajo para mí al menos.
Entonces siempre voy a apreciar y valorar ese trabajo porque sé que es muy difícil. Esos tres días fueron suficientes para ver los problemas del trabajo o las penurias que se pasan.
Luego hay gente simpática, hay clientes muy amables y puedes tener compañeros muy buenos. Hay cosas positivas también. Pero bueno, yo me quedo un poquito más con lo malo. O al menos en aquella experiencia me quedé más con lo malo.
A ver, por supuesto fue poco tiempo como para juzgarlo, ¿no? Y a ver, hoy hemos hablado de las cosas que odian los camareros porque es humorístico y tiene gracia, ¿no?
Bueno, otros lo pasan un poco peor. Entonces depende mucho de la experiencia de cada uno. Bueno, Paco, creo que ya podemos dejarlo aquí. Ya hemos hablado de muchas cosas que odian los camareros de nosotros, de los clientes.
Así que simplemente intentemos hacerles la vida más fácil, más sencilla. Porque al final, oye, tú el día que descansas, el domingo, vas a tomarte algo o a comer en un restaurante, estudia de descanso, pero el camarero tiene que trabajar el domingo. Es un poco fastidiado. Entonces intentemos hacerles la vida más sencilla.
Bueno, pues nada, Paco. Dejamos aquí el episodio. Cuídate mucho y hablamos la semana que viene. Un abrazo para ti y para todos. Hasta luego.